Los expertos advierten que el boicot a la Copa del Mundo podría costarle miles de millones a la FIFA
El aumento de las tensiones políticas vinculadas a Estados Unidos ha reavivado el debate en el mundo del fútbol sobre si un boicot al Mundial masculino de 2026 podría convertirse en una amenaza real. Aunque ninguna federación nacional ha propuesto formalmente retirarse, algunos dirigentes aseguran que el asunto ya no puede ignorarse a medida que avanzan los preparativos del torneo.
El Mundial está previsto que se dispute de forma conjunta en Estados Unidos, Canadá y México, y será la primera edición ampliada a 48 selecciones, un formato diseñado para aumentar el alcance global, los ingresos por retransmisiones y las asociaciones comerciales.
Consecuencias financieras para la FIFA
El especialista en finanzas del fútbol, el doctor Rob Wilson, ha advertido de que cualquier boicot que implique a grandes potencias futbolísticas tendría consecuencias que irían mucho más allá de la política, con el potencial de desestabilizar el modelo de negocio de la FIFA y dañar la credibilidad del torneo.
En declaraciones a BettingLounge, Wilson afirmó que una retirada de Argentina o Brasil sería especialmente grave debido a su peso deportivo y comercial. Recordó que Argentina es la actual campeona del mundo, mientras que Brasil sigue siendo una de las marcas más reconocibles del fútbol global, impulsando audiencias televisivas y el valor del patrocinio.
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Según las estimaciones de Wilson, un boicot coordinado de países sudamericanos podría costarle a la FIFA alrededor de 2.000 millones de dólares en total. Señaló que solo la pérdida de ingresos por derechos de retransmisión podría situarse entre 700 millones y 1.000 millones de dólares, a lo que se sumarían pérdidas adicionales en patrocinios y acuerdos de marketing que dependen de la participación de esos mercados.
Wilson añadió que una menor participación también tendría efectos indirectos en las ciudades anfitrionas, que confían en la actividad en los días de partido, el turismo y la implicación de los aficionados para justificar fuertes inversiones en infraestructuras y transporte.
En juego la legitimidad deportiva
Más allá del impacto económico, Wilson sostuvo que un Mundial sin selecciones de élite tendría dificultades para mantener su estatus como la competición más prestigiosa del fútbol. Comparó este escenario con los boicots olímpicos del pasado, cuando la ausencia de grandes países generó dudas sobre si los atletas competían realmente contra los mejores del mundo.
A su juicio, una situación así socavaría la legitimidad del torneo y dañaría el ecosistema más amplio del fútbol internacional, incluida la financiación para el desarrollo que la FIFA distribuye entre naciones emergentes.
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Trasfondo político
El debate cobró impulso tras las declaraciones del dirigente de la Federación Alemana de Fútbol Oke Gottlich, quien dijo al Hamburger Morgenpost que había llegado el momento de iniciar discusiones serias sobre un posible boicot.
Los comentarios de Gottlich llegaron después de una nueva controversia en torno al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que ha reiterado su postura de que el país debería adquirir Groenlandia por motivos de seguridad nacional y ha amenazado con medidas económicas contra los países que se opongan a la idea. Medios alemanes informaron de que esas declaraciones han inquietado a algunos responsables del fútbol a medida que se acerca el torneo.
Por qué es poco probable un traslado
Wilson también descartó las sugerencias de que el Mundial pueda trasladarse o cancelarse sin consecuencias graves. Indicó que el presupuesto de organización del torneo se sitúa justo por debajo de los 4.000 millones de dólares, mientras que cada ciudad sede está comprometiendo cientos de millones en operaciones de estadios, zonas para aficionados, mejoras de transporte y alojamiento.
Estimó que forzar el traslado del torneo costaría más de 7.000 millones de dólares antes incluso de considerar reclamaciones legales de cadenas de televisión, patrocinadores, compradores de entradas y ciudades anfitrionas. Un movimiento así, advirtió, expondría a la FIFA a riesgos financieros y legales sin precedentes.
Por ese motivo, dijo Wilson, un escenario de boicot resulta más plausible que una reubicación, aunque subrayó que la cancelación sigue siendo altamente improbable.
Sin propuesta formal de boicot
Por ahora, la FIFA no ha indicado ninguna intención de trasladar o cancelar el torneo, y ninguna federación nacional ha llamado formalmente a un boicot. No obstante, el creciente debate pone de relieve cómo las tensiones geopolíticas podrían cruzarse con las realidades comerciales del deporte en el camino hacia 2026.
Fuentes: Hamburger Morgenpost, BettingLounge
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