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Millones vs. centavos, Hombres vs. Mujeres: los pagos en el fútbol son enormemente diferentes

La realidad del pago en el fútbol profesional

Las cifras son contundentes. Según un informe de la BBC, basado en datos del sindicato internacional de futbolistas FIFPro, el salario anual promedio de una futbolista profesional en el mundo es de alrededor de 8.400 libras. En la Women’s Super League de Inglaterra, considerada una de las ligas femeninas más profesionales del mundo, esa cifra aumenta hasta aproximadamente 47.000 libras.

En contraste, el fútbol masculino opera en una dimensión completamente distinta. De acuerdo con análisis publicados por la BBC, el salario promedio de un jugador de la Premier League ronda los tres millones de libras al año. La diferencia no es pequeña, es abismal.

Estos datos ponen de relieve cuán lejos está todavía el fútbol femenino de cualquier tipo de equidad financiera.


Argumentos a favor de la igualdad salarial

En esencia, el fútbol es fútbol. Mujeres y hombres entrenan a tiempo completo, cumplen con las mismas exigencias tácticas, juegan bajo las mismas reglas y representan a clubes y selecciones con el mismo nivel de compromiso. Pagar de forma radicalmente distinta plantea, ante todo, una cuestión de valoración, no de rendimiento.

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La brecha salarial también es el resultado de décadas de falta de inversión. Durante gran parte del siglo XX, el fútbol femenino fue ignorado, restringido o incluso prohibido en muchos países. Esperar que el mercado corrija por sí solo ese desequilibrio histórico es pasar por alto ese contexto. Invertir de manera estratégica, incluyendo mejores salarios, es una de las vías más rápidas para impulsar el crecimiento, la profesionalización y la visibilidad.

Además, el fútbol tiene un enorme impacto social. Cuando el deporte más popular del mundo normaliza diferencias salariales extremas entre géneros, refuerza la idea de que el trabajo de las mujeres vale menos, incluso cuando el esfuerzo y la dedicación son comparables.


Argumentos en contra de una equiparación total

Los críticos sostienen que los salarios en el fútbol están determinados por los ingresos, no por ideales de justicia. El fútbol masculino genera muchos más recursos a través de derechos televisivos, patrocinios y audiencias globales. Desde ese punto de vista, la diferencia salarial refleja el valor de mercado, no necesariamente discriminación.

También existe el temor de que una equiparación rápida y forzada pueda ser perjudicial desde el punto de vista económico. Aumentar los salarios sin ingresos equivalentes podría llevar a los clubes a depender de subsidios procedentes de equipos masculinos o de inversores, en lugar de construir un modelo sostenible para el fútbol femenino.

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Otro argumento habitual es que el foco debería estar en los estándares mínimos. Salarios dignos, contratos estables, protección por maternidad y seguridad a largo plazo podrían ser más relevantes para la mayoría de las jugadoras que igualar los salarios extremos de la élite masculina.


Una cuestión de valoración, no solo de ingresos

En última instancia, este debate va más allá de las cifras. No se trata únicamente de cuánto genera hoy el fútbol femenino, sino de qué se le permite llegar a ser. Los ingresos no surgen de la nada, siguen a la visibilidad, la inversión y la confianza.

El fútbol femenino crece más rápido que nunca en audiencia e interés. La cuestión clave es si recibirá las condiciones financieras necesarias para transformar ese impulso en una verdadera igualdad, o si la brecha seguirá justificándose como algo inevitable durante otra generación.

Tal vez la igualdad no llegue mañana. Pero ¿cuánto tiempo más puede un deporte global justificar que algunos ganen millones mientras otros apenas pueden vivir del mismo juego?

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Source: BBC

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