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Por qué Chelsea, United y Madrid apretaron el gatillo en enero

Un mes que restableció el equilibrio

Las dos primeras semanas de enero se desarrollaron con una velocidad inusual en el fútbol europeo. Tres destituciones de entrenadores, todas en clubes con alcance global, transformaron el panorama antes de que las competiciones nacionales alcanzaran la mitad de la temporada.

Según informaciones de The Athletic y Sky Sports, los despidos de Enzo Maresca, Ruben Amorim y Xabi Alonso no estuvieron motivados por resultados aislados. En cada caso, reflejaron tensiones institucionales más profundas, donde la autoridad, la alineación y la confianza se rompieron.

En conjunto, los acontecimientos apuntaron a un cambio más amplio. El superclub moderno prioriza cada vez más la coherencia interna por encima de la continuidad en el banquillo.


Chelsea y los límites de la independencia

Chelsea confirmó la destitución de Enzo Maresca el 1 de enero, pese a su papel en la conquista de la UEFA Conference League y el Mundial de Clubes de la FIFA el año anterior. El comunicado oficial del club hablaba de la necesidad de volver a encarrilar la temporada, con objetivos clave aún al alcance.

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Según The Athletic, la decisión llegó tras un deterioro prolongado de la relación entre Maresca y el grupo propietario BlueCo, liderado por Todd Boehly y Behdad Eghbali. Uno de los principales focos de fricción fueron los contactos de Maresca con el Manchester City en relación con un posible futuro cargo.

Sky Sports informó que, aunque Maresca notificó formalmente a Chelsea dichas conversaciones, altos cargos del club las interpretaron como una señal de que su compromiso con el proyecto a largo plazo se estaba debilitando.

Las tensiones también surgieron en torno al bienestar de los jugadores. De acuerdo con Sky Sports, Maresca actuó con frecuencia en contra de las recomendaciones del departamento médico y de rendimiento, una postura que chocaba con las prioridades de los propietarios en materia de gestión de cargas basada en datos.

La situación se hizo pública tras una victoria liguera ante el Everton, cuando Maresca declaró que había vivido sus peores 48 horas en el club. Posteriormente, The Athletic informó que los propietarios se mostraron molestos, al considerar que conflictos internos se habían expuesto innecesariamente.

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El nombramiento de Liam Rosenior, procedente del club hermano Strasbourg, reforzó la dirección estratégica. Según Sky Sports, la familiaridad de Rosenior con el modelo multiclub lo convertía en una elección natural para un sistema en el que el entrenador principal opera dentro de límites claramente definidos.


Manchester United y una línea cruzada en público

Manchester United siguió el mismo camino el 5 de enero, poniendo fin a la etapa de Ruben Amorim tras el empate 1 a 1 frente al Leeds United en Elland Road la noche anterior.

Sobre el terreno de juego, el equipo tuvo dificultades para imponer su juego. Fuera de él, Amorim ofreció una rueda de prensa que resultó decisiva. Según Sky Sports, criticó abiertamente la planificación deportiva y señaló la estructura interna del club, afirmando que cada departamento debía hacer su trabajo.

Fue más allá al rechazar el cargo para el que había sido contratado. “Voy a ser el manager de este equipo, no el entrenador”, dijo Amorim, una declaración interpretada ampliamente como un desafío al modelo impulsado por INEOS.

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De acuerdo con The Athletic, los directivos consideraron esas palabras como un rechazo público del marco colaborativo supervisado por Omar Berrada y Jason Wilcox. Una vez perdida la autoridad, los resultados ofrecieron poca protección. El porcentaje de victorias en liga durante su mandato fue uno de los más bajos en la historia del club en la Premier League.

Darren Fletcher fue nombrado entrenador interino, una decisión entendida internamente como una medida de estabilización más que como un cambio táctico.


Madrid medido frente a la perfección

La decisión del Real Madrid llegó el 12 de enero, menos de 24 horas después de la derrota ante el Barcelona en la final de la Supercopa de España disputada en Yeda.

Según medios españoles como Marca y AS, la presión sobre Xabi Alonso llevaba meses acumulándose mientras el Barcelona de Hansi Flick marcaba un ritmo doméstico implacable. El conjunto azulgrana perdió solo tres partidos de liga en todo 2025, un estándar que dejó a Madrid con un margen mínimo.

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En la final, el Barcelona controló la posesión y el ritmo del partido, con el Madrid persiguiendo el balón. Aunque el marcador fue ajustado, los medios españoles describieron la actuación como claramente desequilibrada.

Tras el pitido final, la situación empeoró. Según informaciones recogidas por Marca, Alonso ordenó a sus jugadores formar un pasillo de honor para el Barcelona. Kylian Mbappe se opuso abiertamente, con otros futbolistas sumándose. El episodio reforzó las dudas internas sobre si Alonso conservaba plena autoridad en el vestuario.

Florentino Perez actuó con rapidez. Alonso fue destituido al día siguiente y Alvaro Arbeloa asumió el cargo de forma interina con la misión de devolver la calma, más que de imponer un cambio táctico.


Un círculo cerrado en la élite

En un movimiento que subraya el carácter cerrado del mercado de entrenadores de élite, el Real Madrid ha sido vinculado recientemente con Enzo Maresca. Según el periodista Simon Phillips, los responsables técnicos del club consideran que su salida de Chelsea fue política y no deportiva.

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Jurgen Klopp sigue siendo el gran objetivo a largo plazo. Medios españoles informan de que Perez ve en Klopp una figura excepcional, capaz de competir de tú a tú con el Barcelona de Flick, si pudiera ser convencido de dejar su cargo en Red Bull.

La convulsión de enero dejó un mensaje claro. En el nivel más alto, el entrenador principal ya no es la autoridad central. El poder reside ahora en las estructuras de propiedad, los departamentos de datos y la estrategia corporativa a largo plazo. Cuando esa alineación se rompe, el mandato termina rápidamente.


Una perspectiva sobre el “Efecto Flick”

Si observamos con atención estas tres destituciones, emerge un patrón claro que gira en torno a los estándares imposibles establecidos por el Barcelona de Hansi Flick.

Mientras Maresca y Amorim lidiaban con problemas internos, el clima de pánico en el fútbol europeo está siendo dictado por el resurgir del Barça. Cuando un rival como el Barcelona se vuelve hiperdominante, 96 puntos en un año, la paciencia de todos los consejos de administración en Europa se acorta. El Real Madrid no destituyó a Alonso solo por perder una final, lo hizo porque Flick los ha quebrado psicológicamente.

Mi postura es que Xabi Alonso es la principal víctima de esta nueva era. Es un táctico brillante, pero entró en una trituradora. El “Efecto Flick” crea una realidad en la que no solo se pierde un partido, sino que se queda expuesto. El hecho de que los jugadores del Madrid todos