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Un traspaso en el momento equivocado

Según Barcauniversal, el PSG activó una cláusula de rescisión de 6 millones de euros incluida en el contrato juvenil de Fernández, una cifra que internamente en Barcelona se consideraba muy inferior al valor real del jugador. El momento agravó la situación. Su salida coincidió con la cesión de Marc André ter Stegen al Girona, lo que supuso la marcha de una figura que durante años había actuado como nexo entre el vestuario y el banquillo.

Disciplina frente al vestuario

La primera reacción de Hansi Flick fue firme. Una vez que Fernández dejó claro su deseo de marcharse, el entrenador lo apartó de los entrenamientos grupales. Flick ha insistido en la necesidad de un compromiso total y anteriormente afirmó sobre los jugadores que no lo muestran: “As for the rest, I don't want them”, una cita recogida por Mundo Deportivo.

Ese enfoque fue cuestionado internamente. Los jugadores con mayor peso en el vestuario se dirigieron al cuerpo técnico para argumentar que Fernández no había incumplido ninguna norma, sino que simplemente había ejercido un derecho contractual. La preocupación no era táctica, sino cultural, relacionada con el trato a un canterano en su salida del club.

Finalmente se alcanzó un compromiso. Fernández regresó a la ciudad deportiva, pero se entrenó de forma individual, manteniendo su estado físico mientras quedaba fuera de los planes deportivos de Flick.

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Una cláusula que alteró el equilibrio de poder

El Barcelona tenía previsto renovar el contrato de Fernández poco después de su 18 cumpleaños y elevar de forma considerable su cláusula de rescisión. Esa renovación no llegó a tiempo.

De acuerdo con Barcauniversal, el PSG actuó con rapidez en ese breve margen. Luis Enrique contactó personalmente con el jugador y le presentó un proyecto a largo plazo en París, ofreciendo estabilidad y un camino más claro. Con la cláusula activada, el Barcelona se quedó sin margen de maniobra. Un intento puntual de negociar una cantidad superior no prosperó.

No es un caso aislado

La salida de Fernández encaja en un patrón cada vez más reconocible. En las últimas temporadas, varios talentos de la cantera azulgrana han abandonado el club por cantidades reducidas o incluso sin coste, especialmente en el tramo sensible entre los 16 y los 18 años.

Barcauniversal señala esta franja de edad como el punto más débil del club en el control contractual, especialmente en un contexto de limitaciones financieras y una primera plantilla saturada. Clubes rivales con mayor poder económico han aprendido a explotar esta circunstancia.

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Autoridad, cultura y los límites del control

Más allá del impacto económico, el episodio dejó al descubierto una dinámica más profunda. La intervención de jugadores veteranos demostró que la autoridad de Flick es respetada, pero no absoluta. Dentro del vestuario existe una expectativa compartida de que el profesionalismo incluye un trato respetuoso, incluso cuando un jugador decide marcharse.

Para el Barcelona, la situación fue menos sobre un solo adolescente y más sobre cómo equilibrar disciplina e identidad en plena reconstrucción. El mensaje fue sutil, pero claro. La estructura importa, pero también la forma en que se aplica.

Fuentes: Barcauniversal

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