Jonas Vingegaard, Doping Controll

Despertados de madrugada: el antidopaje invade la única ventana de recuperación

Jonas Vingegaard y Tadej Pogačar fueron despertados para pasar controles antidopaje antes de una de las etapas más exigentes del Tour de Francia. La intervención fue legal, pero su impacto…

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El antidopaje existe para proteger la credibilidad del Tour de Francia. Sin embargo, los controles realizados de madrugada a Jonas Vingegaard y Tadej Pogačar han abierto un debate sobre si esa protección puede terminar perjudicando a los propios ciclistas.

Vingegaard fue despertado alrededor de las 2 de la madrugada antes de la 15ª etapa. Pogačar recibió a los controladores aproximadamente tres horas después.

Ambos tuvieron que interrumpir el periodo más importante para la recuperación física y mental durante la tercera semana de una gran vuelta.

Horas más tarde, Vingegaard sufrió la caída que le provocó una fractura de clavícula y puso fin a su participación. No existe ninguna prueba de que el control causara el accidente. Aun así, la coincidencia ha aumentado las dudas sobre la proporcionalidad de las pruebas nocturnas.

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Cuarenta minutos fuera de la habitación

Vingegaard ya estaba dormido cuando los responsables del control llamaron a su puerta.

Según Cyclingnews en su información sobre las pruebas nocturnas, el danés explicó:

“Creo que pasaron unos 40 minutos antes de que volviera a mi habitación.”

La frase no significa necesariamente que la toma de muestras durara exactamente 40 minutos. Tampoco se sabe cuánto tiempo necesitó después para volver a conciliar el sueño.

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Pogačar afirmó que solo durmió unas cuatro horas. Tras ser controlado a las 5, no pudo volver a dormirse y comenzó su rutina previa a la etapa.

El sueño representa mucho más que descanso subjetivo. Durante una carrera de tres semanas, es el periodo en el que el organismo repara tejidos, regula hormonas y recupera parte de la energía gastada durante la jornada anterior.

Interrumpir ese proceso no garantiza una mala actuación, pero sí altera una preparación diseñada al minuto.

El rendimiento no se limita a las piernas

La falta de sueño puede afectar a la concentración, al tiempo de reacción y a la capacidad de tomar decisiones.

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En el ciclismo profesional, esas funciones tienen una relación directa con la seguridad. Los corredores circulan a gran velocidad, rodeados de rivales, vehículos y obstáculos en la carretera.

Pogačar siguió mostrando un rendimiento extraordinario en la montaña. Eso demuestra su capacidad para competir incluso en circunstancias imperfectas, pero no permite concluir que la noche interrumpida fuera irrelevante.

Los efectos pueden manifestarse de forma distinta. Un corredor puede conservar su potencia y, al mismo tiempo, reaccionar una fracción de segundo más tarde ante un movimiento inesperado.

En una competición decidida por detalles, no resulta razonable considerar el descanso como una variable secundaria.

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No se puede responsabilizar al control de la caída

Vingegaard cayó más tarde al salir de una rotonda. Se fracturó la clavícula y tuvo que abandonar el Tour.

Pogačar sugirió posteriormente que el descanso interrumpido podría haber influido en un porcentaje mínimo. Esa posibilidad no ha sido demostrada.

Las caídas forman parte del ciclismo y pueden producirse por múltiples factores, desde la posición dentro del pelotón hasta la velocidad, el diseño de la carretera o la reacción de los vehículos de carrera.

Por tanto, sería incorrecto establecer una relación directa entre el control de las 2 y el accidente.

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La pregunta más amplia sigue siendo válida: ¿aumenta innecesariamente el riesgo despertar a un ciclista antes de una etapa en la que deberá descender y rodar a velocidades extremas?

La intervención necesitó autorización judicial

Los controles no fueron una decisión improvisada de los agentes presentes en el hotel.

De acuerdo con The Guardian en su artículo sobre el procedimiento legal, la International Testing Agency solicitó la autorización de un juez especializado de París. El permiso fue concedido para la noche del 18 al 19 de julio.

La normativa de la UCI limita normalmente los controles entre las 23 y las 6. Las excepciones pueden aplicarse cuando el corredor ha elegido esa franja, acepta el control o existe una sospecha seria y específica de posible dopaje.

Ni Vingegaard ni Pogačar han sido acusados públicamente de una infracción.

Las autoridades tampoco han detallado qué información justificó la medida. Esa reserva puede ser necesaria en una investigación, pero deja a los corredores y al público sin elementos para valorar si el sacrificio exigido fue proporcionado.

Ser legal no resuelve toda la discusión

La International Testing Agency ha reconocido que los controles nocturnos pueden perturbar el descanso.

Según Cycling Weekly al reproducir la respuesta del organismo, la ITA declaró:

“Los controles eficaces deben poder realizarse, en circunstancias limitadas y justificadas, fuera del horario diurno habitual.”

El argumento antidopaje tiene peso. Determinadas sustancias pueden administrarse en microdosis y desaparecer rápidamente del organismo. Establecer un horario completamente previsible podría ofrecer a los tramposos una ventana de impunidad.

Jonathan Vaughters, antiguo ciclista que admitió haberse dopado, defendió que los controles a las 2 de la madrugada son especialmente útiles para detectar microdosis de EPO, hormona de crecimiento y testosterona.

La historia del ciclismo obliga a tomarse esa explicación en serio.

La proporcionalidad debe formar parte del sistema

La cuestión no consiste en elegir entre controles nocturnos ilimitados o una lucha antidopaje débil.

Las autoridades pueden conservar esa herramienta, pero su utilización durante una gran vuelta debería exigir una justificación excepcional. No basta con que la intervención sea legal. También debe ser necesaria y proporcional.

Una vez cerradas las investigaciones, tendría que existir un mayor grado de transparencia sobre los motivos que llevaron a interrumpir el descanso de los corredores.

El Tour necesita controles rigurosos para conservar su credibilidad. También necesita evitar que esos controles se conviertan en una carga capaz de alterar la competición o aumentar riesgos innecesarios.

Vingegaard y Pogačar aceptan la obligación de demostrar que compiten limpios. Eso no significa que cualquier método deba quedar fuera de discusión.

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