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Análisis: Tottenham no solo ficha a Roberto De Zerbi, el club apuesta por una idea completa

Según el comunicado oficial de Tottenham, Roberto De Zerbi aterriza en el norte de Londres con un contrato de largo plazo. Según AP, asume el cargo en una situación deportiva delicada, mientras parte de la afición ya ha reaccionado con escepticismo ante la decisión. Y precisamente ahí está lo interesante. Tottenham no ha elegido a un técnico de transición, ni a un perfil conservador pensado solo para apagar incendios. Ha elegido a un entrenador que siempre ha transmitido la sensación de que, antes de sumar resultados, un equipo debe creer de verdad en una idea.

No es una operación clásica de rescate

Tal vez lo más revelador de este nombramiento no sea la primera declaración de De Zerbi, sino la forma en que el propio club ha querido explicarlo. En el comunicado del club, el director deportivo Johan Lange afirma que De Zerbi era “our number one target for the summer”. Ese lenguaje no suena a improvisación ni a pánico. Suena a un plan adelantado.

Ahí está el verdadero centro de la historia. Tottenham parece entender que su problema no es solo la tabla, sino también la falta de dirección. Durante años, el club ha parecido atrapado entre varias versiones de sí mismo. Ha querido jugar bien, pero sin exponerse demasiado. Ha querido ser moderno, pero en los momentos de presión ha tendido a refugiarse en lo conocido. Ha hablado con frecuencia de ambición, aunque muchas veces ha jugado como un equipo incómodo con su propio discurso. En ese sentido, De Zerbi no es solo un técnico. Es una decisión sobre qué quiere ser Tottenham.

Eso vuelve el nombramiento atractivo y, al mismo tiempo, peligroso. Un club puede recuperar una identidad muy clara con un entrenador así. Pero también puede quedar atado a una idea que, en tiempos tranquilos, parece valiente y elegante, y en tiempos tensos puede parecer inflexible.

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De dónde viene la insistencia de De Zerbi

Para entender a De Zerbi de verdad, no basta con mirar su etapa en Brighton. Según el perfil de la Premier League y la presentación de Olympique de Marseille, nació en Brescia, fue un mediapunta de vocación ofensiva y construyó su carrera como entrenador escalón por escalón. No llegó al banquillo de élite con la autoridad automática de una vieja gloria. Tuvo que ganarse el respeto a través del contenido.

Eso se nota todavía en su manera de trabajar. Los entrenadores que han llegado lejos sin un apellido legendario detrás suelen ser más obsesivos con los detalles, más exigentes con la repetición y, a menudo, menos dados a las concesiones. De Zerbi pertenece claramente a ese grupo. No le basta con que su equipo gane. Quiere que gane de una manera determinada, con una estructura que se reconozca, con automatismos que den la impresión de una convicción profunda, no de una solución circunstancial.

En Sassuolo empezó a consolidar esa reputación. Allí se convirtió en el técnico que no solo quería posesión, sino una posesión capaz de manipular al rival. En Shakhtar Donetsk ganó títulos y amplió su prestigio internacional. En Brighton, según la Premier League, firmó la mejor clasificación liguera en la historia del club y lo llevó a Europa. En Marseille fue subcampeón en dos ocasiones antes de que su relación con la directiva se rompiera. Si se observa toda la trayectoria en conjunto, aparece un patrón bastante claro. De Zerbi mejora a los equipos cuando logra que se sometan a su lógica. Pero cuanto más los mejora, más suben también las expectativas y la tensión.

Por qué los grandes entrenadores lo toman tan en serio

En Inglaterra, De Zerbi no se convirtió en una figura de referencia solo por los resultados. Se convirtió en una referencia por la sensación que transmitían sus equipos. Ver a Brighton bajo su mando no era simplemente ver a un conjunto bien entrenado. Muchas veces parecía un equipo diseñado para empujar al rival a tomar malas decisiones.

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La análisis táctica de The Coaches’ Voice explica bien esa lógica. Los equipos de De Zerbi inician desde abajo, atraen la presión y no huyen de ella. Al contrario, en cierto modo la buscan. La pelota no es un objeto decorativo ni un símbolo vacío de superioridad estética. Es una herramienta para condicionar al adversario, para moverlo donde el entrenador quiere.

Por eso no sorprende que Pep Guardiola hablara de él con tanto respeto. Según la Premier League, Guardiola llegó a decir que De Zerbi es “one of the most influential managers in the last 20 years”. Ese tipo de elogios no se reparten al azar. Revelan que otros técnicos de primer nivel no ven en él solo a un entrenador interesante, sino a alguien que ha aportado ideas reales a la conversación táctica del fútbol europeo.

Para Tottenham, eso importa mucho. Un club que lleva tiempo buscando una identidad deportiva creíble no incorpora solo a un entrenador con buena prensa. Incorpora a alguien cuyo trabajo es respetado dentro de la élite.

Lo que sus propias frases dicen de él

Aun así, a veces resultan más reveladoras las frases del propio De Zerbi que los elogios de sus colegas. En una entrevista con Brighton, recogida por el medio oficial del club, dijo: “Perfection doesn’t exist”. Más tarde, en otra entrevista con Brighton, afirmó: “Sometimes you can lose but it’s my style”.

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Las dos frases merecen una lectura más pausada. La primera suena modesta, casi inocente. Pero en realidad habla de una exigencia permanente. Quien piensa así nunca considera que el trabajo esté terminado. Nunca acepta del todo la comodidad. Para un club como Tottenham, eso puede resultar sano, porque durante demasiado tiempo la mediocridad se ha vendido allí como una etapa provisional.

La segunda frase es todavía más reveladora. “Sometimes you can lose but it’s my style” no es solo una defensa del fútbol bonito. Es casi una declaración filosófica. De Zerbi viene a decir que la forma de perder también importa, y que él prefiere caer dentro de una lógica que reconoce como propia antes que sobrevivir traicionando esa lógica. Eso puede darle personalidad a un equipo. Pero también puede convertirse en un problema cuando el contexto no exige personalidad, sino pragmatismo.

Ahí aparece el gran riesgo para Tottenham. El club no ha fichado a un entrenador que vaya a simplificar su modelo porque la clasificación aprieta. Ha fichado a uno cuya fuerza nace precisamente de no rebajar demasiado su idea.

Por qué Tottenham sí puede confiar en él

Y, aun así, sobran razones para entender la apuesta. La más importante quizá no sea la cosecha de puntos, sino la coherencia. Los equipos de De Zerbi rara vez parecen fruto del azar. Incluso cuando cometen errores, casi siempre se puede ver qué intentan hacer. En la élite actual, eso no es un detalle menor.

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Tottenham ha transmitido a menudo lo contrario. En distintos periodos ha parecido un equipo que cambiaba de acento según la semana, a veces queriendo presionar arriba, otras refugiándose atrás, a veces buscando el golpe rápido, otras intentando una posesión sin demasiada convicción. Un club pierde más que partidos cuando ocurre eso. Pierde credibilidad. Y los futbolistas suelen detectar muy pronto cuándo siguen un plan sólido y cuándo simplemente reaccionan al ambiente.

De Zerbi puede intervenir justo ahí. Sus equipos viven de principios fijos, de distancias estudiadas, de mecanismos repetidos y de una forma de jugar que se reconoce con rapidez. Eso no significa que todo vaya a funcionar enseguida. Significa, más bien, que sus equipos suelen tener una intención visible. Para Tottenham, eso podría valer más que el simple impulso emocional de un típico cambio de entrenador.

También hay una dimensión simbólica. Tottenham siempre ha querido presentarse como un club que no solo aspira a ganar, sino a hacerlo de una determinada manera. En las páginas institucionales del club ese relato sigue muy presente. De Zerbi encaja mucho mejor en esa autoimagen que un especialista puro en supervivencia. Su llegada puede leerse, por tanto, como un intento de acortar la distancia entre lo que Tottenham dice de sí mismo y lo que realmente muestra sobre el césped.

Por qué Tottenham debe mirar con mucha atención

Precisamente porque todo eso es cierto, conviene no romantizar demasiado la decisión. AP define a De Zerbi como un técnico de estilo ofensivo, arriesgado y complejo. En un contexto estable, eso suena a progreso. En un contexto nervioso, puede sonar a exceso.

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El fútbol complejo necesita tiempo de entrenamiento. Necesita confianza. Necesita una plantilla que entienda que ciertos errores forman parte de un proceso y no una señal inmediata de alarma. En los tramos delicados de una temporada, esas condiciones casi nunca abundan. En ese tipo de escenarios, la competición suele pedir otras cosas: prioridades claras, concentración en las áreas, menos ruido y más soluciones inmediatas. La cuestión no es solo si la idea de De Zerbi es buena. La cuestión es si puede agarrarse a la realidad del momento con suficiente rapidez.

Además, su convicción puede leerse en ciertos pasajes como rigidez. Un entrenador que defiende su línea contra todas las objeciones parece brillante mientras los resultados lo acompañan. Cuando los resultados se torcen, la misma actitud empieza a interpretarse como tozudez o incluso vanidad. Tottenham conoce bien ese mecanismo. El club ha pasado por varias etapas en las que el debate sobre el estilo acabó pareciéndose demasiado a un debate sobre la pérdida de contacto con la realidad.

Las dudas que van más allá del césped

También sería cómodo reducir todo esto a una discusión táctica. Según AP, la etapa de De Zerbi en Marseille terminó tras conflictos con la dirección del club. AP también recuerda sus declaraciones públicas sobre Mason Greenwood, que generaron malestar entre grupos de aficionados de Tottenham. Eso no es un detalle lateral. Forma parte del retrato completo.

Hoy, un entrenador en un club como Tottenham es mucho más que un organizador de entrenamientos. Es una figura pública, una representación del proyecto y, en cierto modo, una voz institucional. Cuando De Zerbi describió a Greenwood como “good guy” y dijo que había “paid dearly for what happened”, quizá no pretendía provocar. Pero al menos mostró una lectura problemática de cómo resuenan ciertos temas fuera del vestuario. Para una parte de la afición, esa formulación sonó estrecha, insuficiente, poco consciente del peso de lo que estaba en juego.

Por eso Tottenham no solo debe preguntarse si De Zerbi puede ordenar el mediocampo o mejorar la salida de balón. También debe valorar si entiende el impacto de sus palabras cuando habla como rostro visible de una entidad grande. En un club que públicamente insiste en valores como el respeto, la inclusión y ciertos estándares de conducta, esas cuestiones no pueden separarse del trabajo deportivo. Un entrenador puede ser excelente desde el punto de vista táctico y, aun así, abrir grietas innecesarias si interpreta mal el tono de su propio entorno.

Cómo se juzgará esta apuesta

En el comunicado oficial de Tottenham, De Zerbi afirmó que está aquí porque cree en la ambición de este club. Se puede leer como una frase habitual de presentación. Pero quizá convenga tomarla más en serio. De Zerbi suele hablar como un entrenador que piensa en proyectos, no en parches.

Y ahí reside buena parte del interés de este nombramiento. Tottenham no parece estar intentando únicamente salvar las próximas semanas. Parece estar intentando adelantar el comienzo de sus próximos años. Es una decisión valiente. Puede resultar inteligente, porque a veces un equipo necesita una idea fuerte precisamente cuando todo a su alrededor es inestable. Pero también puede terminar viéndose como un error de cálculo si la urgencia del presente se traga cualquier visión a medio plazo.

La valoración más honesta probablemente esté en un punto intermedio. Tottenham puede confiar en Roberto De Zerbi porque su trabajo en varios clubes demuestra que sabe moldear equipos, elevarlos y darles una identidad reconocible. Tottenham debe ir con cuidado con Roberto De Zerbi porque esa misma capacidad para marcar una idea también puede derivar en fricción, saturación o errores de lectura pública.

Tal vez por eso esta decisión encaja tan bien con la naturaleza reciente del club. Es ambiciosa, seductora, defendible, arriesgada y nada aburrida. Si sale bien, Tottenham no habrá encontrado solo a un entrenador, sino una dirección. Si sale mal, probablemente será porque el club, en un momento de máxima incertidumbre, decidió apostar por una convicción absoluta.

Fuentes: Tottenham Hotspur, AP, Perfil de la Premier League, Premier League sobre su etapa en Brighton, Premier League sobre las declaraciones de Guardiola, Brighton and Hove Albion, Brighton and Hove Albion sobre su estilo, The Coaches’ Voice, Olympique de Marseille.