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Cómo la inteligencia artificial transforma el fútbol desde el arbitraje hasta la tribuna

El fútbol sigue estando marcado por la emoción, el instinto, la lectura táctica y la energía de la tribuna, pero ese universo convive cada vez más con otro lenguaje, el de los datos. Según María Ximena Perez en la Agencia de Noticias Científicas de la UNQ, cámaras, sensores, sistemas de seguimiento y modelos de aprendizaje automático ya están influyendo en distintas dimensiones del juego, tanto dentro como fuera de la cancha. Esta transformación no se limita a un solo aspecto, sino que alcanza las decisiones arbitrales, las rutinas de entrenamiento, la prevención de lesiones, la planificación táctica y también las estrategias comerciales vinculadas al consumo deportivo.

Según una revisión sistemática publicada en Biology of Sport y citada en el artículo, investigadores de varias universidades analizaron 32 estudios y concluyeron que el aprendizaje automático ya tiene aplicaciones concretas en el fútbol. La revisión identificó usos en la investigación de lesiones, el monitoreo del rendimiento, el análisis técnico táctico y la detección de talento. En otras palabras, la inteligencia artificial dejó de ocupar un lugar periférico dentro de la ciencia del deporte y pasó a convertirse en una herramienta real de trabajo para clubes, cuerpos técnicos e instituciones vinculadas a la regulación de la competencia.

El arbitraje entra en una etapa de mayor precisión

Uno de los cambios más visibles se da en el arbitraje. Según la FIFA, el sistema semiautomatizado de fuera de juego utiliza 12 cámaras instaladas bajo la cubierta del estadio, registra 29 puntos de datos por jugador 50 veces por segundo y combina esa información con un sensor dentro de la pelota que envía datos 500 veces por segundo. El objetivo de esta tecnología no es reemplazar por completo al árbitro, sino aportar una base más rápida y precisa para resolver jugadas extremadamente ajustadas, especialmente en acciones en las que unos pocos centímetros pueden modificar una decisión determinante.

Según un estudio publicado en Journal of Sports Sciences y citado en el artículo de Perez, el impacto del VAR ya puede medirse de forma concreta. La investigación revisó 2.195 partidos disputados en 13 países y encontró que la precisión arbitral aumentó de 92,1 por ciento a 98,3 por ciento tras la intervención del sistema. Esa mejora no eliminó la polémica, porque la discusión sigue siendo inseparable del fútbol, pero sí redujo de manera considerable el margen de error. Por eso, el debate ya no gira solamente en torno a si la tecnología cambia la esencia del juego, sino también a cuánto contribuye a una mayor justicia deportiva en decisiones que antes dependían casi por completo del juicio humano.

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El rendimiento y la táctica se redefinen con datos

La inteligencia artificial también cambió la forma en que se analiza el rendimiento de los futbolistas. Según la Agencia de Noticias Científicas de la UNQ, los equipos pueden utilizar cámaras, dispositivos GPS y tecnología portátil para medir distancia recorrida, aceleración, desaceleración, ocupación de espacios y patrones de movimiento durante un partido. Ese volumen de información permite estudiar el juego con un nivel de detalle mucho mayor que el que ofrecía la observación tradicional por sí sola. Ya no se trata solamente de saber si un jugador corrió más o menos, sino de entender cuándo, dónde, cómo y con qué efecto físico y táctico se produjeron esos movimientos.

En el campo de la salud deportiva, el artículo remite a una revisión publicada en British Journal of Sports Medicine que analizó 38 estudios sobre predicción de lesiones mediante aprendizaje automático. Según esa revisión, el fútbol fue el deporte más investigado dentro de este campo, lo que refleja el fuerte interés por anticipar riesgos físicos en una disciplina de alta exigencia. Aun así, los investigadores señalaron limitaciones importantes, entre ellas tamaños de muestra reducidos, definiciones poco uniformes de lesión y ventanas de predicción demasiado amplias. La conclusión es clara, la inteligencia artificial puede ayudar a detectar señales de alerta y orientar decisiones médicas o de entrenamiento, pero todavía no ofrece certezas absolutas ni puede sustituir el criterio de preparadores físicos, cuerpos médicos o especialistas en rendimiento.

La dimensión táctica también avanzó. Según un estudio publicado en Nature Communications por un equipo de Google DeepMind junto con Liverpool FC, el sistema TacticAI fue diseñado para analizar tiros de esquina, predecir posibles receptores y sugerir ajustes en la posición de los jugadores. El estudio indicó que, en una parte importante de los casos evaluados, los expertos del club prefirieron las recomendaciones del sistema frente a jugadas reales. Esto no significa que el pizarrón desaparezca, sino que se vuelve más preciso y mejor informado. La lectura del entrenador sigue siendo central, pero ahora puede apoyarse en modelos capaces de detectar patrones, escenarios probables y alternativas que podrían pasar inadvertidas a simple vista.

El partido también continúa fuera de la cancha

El impacto de la inteligencia artificial no termina con el pitazo final. Según un artículo publicado en Frontiers in Sports and Active Living y citado por la Agencia, la inteligencia artificial generativa también está modificando el marketing deportivo y la relación entre clubes, plataformas y audiencias. Estas herramientas hacen posible ofrecer contenido en tiempo real, comunicación segmentada y experiencias más personalizadas para distintos grupos de hinchas. Al mismo tiempo, ese cambio plantea preguntas importantes sobre privacidad, uso de datos, monetización y autonomía del consumidor, porque seguir el fútbol ya no significa solamente mirar un partido, sino también interactuar con un entorno digital que interpreta preferencias y comportamientos.

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En este nuevo escenario, la mística del fútbol no desaparece, pero sí cambia la manera en que se construye y se comprende. Según el artículo de María Ximena Perez, la emoción del juego sigue siendo profundamente humana, aunque ahora convive con sistemas capaces de registrar lo que antes pasaba desapercibido. La inteligencia artificial no reemplaza al fútbol, pero sí modifica la forma en que el deporte se interpreta, se gestiona y se distribuye. La pelota sigue en el centro de todo, pero ya no se observa sola, sino acompañada por una capa creciente de información que moldea decisiones, estrategias y experiencias dentro y fuera de la cancha.

Fuentes: Agencia de Noticias Científicas de la UNQ, María Ximena Perez, Biology of Sport, Journal of Sports Sciences, FIFA, British Journal of Sports Medicine, Nature Communications, Frontiers in Sports and Active Living.

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