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El apoyo de los dirigentes de la FIFA y el COI al regreso de Rusia pone en tela de juicio el poder blando del deporte

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha reavivado el debate sobre la exclusión de Rusia del deporte internacional al afirmar esta semana que la prohibición «solo ha generado más… odio». Rusia ha sido excluida de las competiciones de la FIFA y de los Juegos Olímpicos desde su invasión de Ucrania en 2022.

En declaraciones recogidas por The Guardian, Infantino cuestionó si el aislamiento continuado está logrando el efecto deseado, mientras las federaciones deportivas de todo el mundo revisan sus posturas de cara a las próximas competiciones.

El Comité Olímpico Internacional afronta una presión similar mientras se prepara para los Juegos de Los Ángeles 2028. Según Reuters, la presidenta del COI, Kirsty Coventry, afirmó que el deporte debe servir como un «terreno neutral» donde los atletas puedan «competir libremente, sin verse limitados por la política o las divisiones de sus gobiernos».

Ese principio de separar a los atletas de la política estatal ha sustentado durante mucho tiempo la gobernanza olímpica. Sin embargo, los críticos sostienen que la neutralidad rara vez se percibe como tal cuando hay una guerra en curso.

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Corrientes políticas cruzadas

Los grandes acontecimientos deportivos han estado con frecuencia vinculados a la geopolítica, a veces pese a las declaraciones oficiales de independencia.

Los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014 en Sochi fueron presentados como una muestra del renacimiento nacional. En los años posteriores, investigaciones de la Agencia Mundial Antidopaje detallaron un sistema de dopaje respaldado por el Estado vinculado a los Juegos, y Rusia se anexionó Crimea poco después de la ceremonia de clausura. Desde entonces, especialistas en gobernanza deportiva han citado Sochi como ejemplo de cómo los megaeventos pueden amplificar el poder del Estado en lugar de diluirlo.

El precedente histórico ofrece argumentos en ambos sentidos. Los organismos deportivos internacionales aislaron a la Sudáfrica del apartheid durante décadas, y Yugoslavia fue sancionada durante las guerras de los Balcanes en la década de 1990. Los partidarios de las sanciones señalan estos casos como prueba de que la exclusión puede expresar condena internacional, aunque los resultados políticos sigan siendo difíciles de medir.

Gobernanza y credibilidad

El debate actual también se desarrolla en un contexto de persistentes preocupaciones sobre la gobernanza.

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En 2015, fiscales estadounidenses hicieron públicas acusaciones contra altos cargos de la FIFA por delitos como fraude y crimen organizado, lo que desencadenó amplios cambios en la dirección y promesas de reforma. Aunque la FIFA afirma haber reforzado sus mecanismos de supervisión desde entonces, un informe publicado el año pasado por un grupo de académicos y expertos en gobernanza sostuvo que las reformas en materia de transparencia y rendición de cuentas se han estancado.

La FIFA también ha recibido críticas constantes por las condiciones laborales vinculadas al Mundial de 2022 en Qatar. En 2024, rechazó crear un fondo de compensación para trabajadores migrantes pese a las recomendaciones de su propio órgano asesor en derechos humanos, una decisión condenada por organizaciones de defensa.

Por su parte, el COI ha introducido reformas éticas en las últimas dos décadas tras escándalos de sobornos relacionados con la elección de ciudades sede, aunque los críticos afirman que persisten dudas sobre la transparencia.

Dado ese historial, las decisiones sobre la participación de Rusia inevitablemente se evaluarán desde una perspectiva más amplia de credibilidad institucional.

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Una prueba de neutralidad

Los defensores de levantar la prohibición sostienen que el aislamiento refuerza la hostilidad y que los atletas individuales no deberían asumir la responsabilidad por las acciones del Estado. Argumentan que el compromiso, incluso en tiempos de conflicto, mantiene abiertos canales de diálogo.

Sus opositores replican que participar en competiciones retransmitidas a nivel mundial otorga legitimidad. Con los combates en Ucrania prolongándose ya por cuarto año, sostienen que una readmisión enviaría una señal política, intencionada o no.

La decisión no se interpretará en el vacío.

Mientras las federaciones enmarcan sus políticas en términos procedimentales, algunas figuras del deporte se han pronunciado de forma más directa sobre los costes humanos del conflicto. El entrenador del Manchester City, Pep Guardiola, en recientes declaraciones públicas, destacó el impacto de las guerras en Ucrania, Sudán y Palestina, y pidió mayor claridad moral a las instituciones globales.

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Para los organismos rectores responsables de torneos multimillonarios, lo que está en juego va más allá del simbolismo. Los contratos de retransmisión, las relaciones con patrocinadores y las consideraciones diplomáticas se entrecruzan con las reivindicaciones de neutralidad.

A medida que avanzan los ciclos de clasificación para las próximas competiciones de fútbol y olímpicas, los líderes del deporte se enfrentan a una cuestión que ha acompañado al sector durante décadas: si la neutralidad es un principio defendible en tiempos de guerra o si, en la práctica, se convierte en una postura en sí misma.

Fuentes: The Guardian, Reuters

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Oliver Obel

Oliver Obel – Creador de Contenido Deportivo y Especialista en Fútbol Soy un apasionado creador de contenido deportivo con un enfoque marcado en el fútbol. Escribo para LenteDesportiva, donde produzco contenido de alta calidad que informa, entretiene y conecta con aficionados al fútbol de todo el mundo. Mi trabajo gira en torno a clasificaciones de jugadores, análisis de fichajes y reportajes en profundidad que exploran el fútbol moderno. Combino un agudo instinto editorial con un profundo conocimiento de la evolución del deporte, siempre con el objetivo de ofrecer contenido que transmita tanto análisis como emoción.