Una caída que cambió radicalmente la situación
Durante casi toda su vida, Tony Hawk hizo que el riesgo pareciera algo controlado. El 7 de marzo de 2022, a la edad de 53 años, ese cálculo cambió. Así lo relata Frederick Dreier en el artículo «Tony Hawk Was Still Pushing His Limits on the Skateboard», publicado en la revista Outside . «Y entonces se cayó». Hawk ya había completado una exigente sesión en la rampa que tiene junto a su casa, en el sur de California, cuando llegaron unos amigos y decidió volver a montar en monopatín.
Intentó hacer un McTwist, un salto mortal de 540 grados que formaba parte de su repertorio desde hacía mucho tiempo. Sin embargo, esta vez su cuerpo ya no reaccionó como antes. Tal y como informa TMZ en el artículo «Tony Hawk afirma que un McTwist fallido le provocó una fractura en la pierna; espera poder volver a caminar “sin ayuda”», Hawk explicó más tarde que tenía «muy poca velocidad y un agarre inestable» antes de que fallara el aterrizaje.
El resultado fue una fractura de fémur. No se trataba simplemente de una lesión más en una carrera marcada por las lesiones. Fue el tipo de accidente que obligó a Hawk no solo a replantearse lo que aún podía lograr sobre la tabla de skate, sino también lo que debía seguir exigiéndose a sí mismo.
Debido al momento en que ocurrió, la lesión me resultó aún más dolorosa
La caída se produjo justo en el momento en que se estrenaba en los cines el documental «Tony Hawk: Until the Wheels Fall Off». La película se estrenó el 12 de marzo de 2022, cinco días después del accidente, en el festival SXSW, antes de su lanzamiento en HBO Max en abril. Tal y como describe Nick Allen en su artículo «Tony Hawk: Until the Wheels Fall Off» en RogerEbert.com, el documental muestra a Hawk como un skater al que le motiva menos ganar que conseguir realizar el truco que se ha propuesto.
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La lesión empañó ese panorama. Hawk había construido su carrera sobre la base de un progreso constante: más altura en el salto, más rotación, más creatividad. La fractura de fémur le impuso un límite que no podía superar ni ignorar simplemente entrenando duro.
Recuperación sin atajos
En un primer momento, Hawk intentó acelerar el proceso. En la entrevista con «Outside» dijo que se había excedido demasiado y que, más tarde, tras bajar por una pequeña rampa, notó que el hueso se había desplazado. A esto le siguió una segunda operación. Ese mal comienzo le sirvió de lección.
Tal y como cita Madison Williams en el artículo «El skater Tony Hawk se recupera de una fractura de fémur», publicado en la revista «Sports Illustrated», Hawk ya había advertido desde el principio: «Una pierna rota —con un montón de metal en el hueso— probablemente será la mayor prueba de fuego para este credo». Esta prueba de fuego resultó ser no solo una prueba de tolerancia al dolor, sino también una prueba de autocontrol.
Según la página informativa «Fractura de fémur» de la Clínica Cleveland, una fractura de fémur suele requerir una intervención quirúrgica y fisioterapia, y la recuperación completa puede tardar hasta un año. Para Hawk, esto supuso tener que cambiar la intensidad de la rampa de vert por un entrenamiento más tranquilo centrado en la fuerza, el equilibrio y los movimientos controlados.
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Otro tipo de disciplina
La lesión cambió la actitud de Hawk hacia el deporte. Empezó a considerar el entrenamiento fuera de la cancha como una parte integral de su vida, incluyendo el entrenamiento de fuerza, los estiramientos y la actividad física regular. Este cambio fue de gran importancia, ya que Hawk había formado parte durante mucho tiempo de una cultura en la que el instinto, las repeticiones y la resistencia tenían más importancia que el entrenamiento formal.
Con ello, sus objetivos cambiaron. Ya no merecía la pena seguir trabajando en algunas figuras. Ha comentado que ya no domina el «Tuck-Knee-Grab», un movimiento que constituía la base de varias de sus figuras características, entre ellas el McTwist. No fue una retirada, pero sí una forma de dejar ir.
Quizá lo más difícil fue aceptar que dejarlo no es sinónimo de derrota. Para un deportista cuyo nombre se había convertido en sinónimo de lo posible, la lesión le obligó a aceptar un compromiso más maduro: seguir adelante, pero de otra manera.
Un legado que va más allá de la rampa
La influencia de Hawk ya no depende únicamente de si consigue realizar otra hazaña histórica. Su nombre ha contribuido a llevar el skateboarding a la cultura mainstream a través de competiciones, videojuegos e iniciativas empresariales. Pero su compromiso fuera de la rampa también se ha convertido ya en una parte fundamental de su papel público.
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Según la sección «Quiénes somos» de la página web de «The Skatepark Project», la organización sin ánimo de lucro fundada por Hawk ha colaborado en la construcción de casi 700 parques de skate en los 50 estados, centrándose especialmente en parques públicos seguros e inclusivos para comunidades desfavorecidas. Esta labor se ha convertido en parte de un legado más amplio: no solo lograr lo imposible, sino también ayudar a otros a encontrar un lugar donde puedan intentarlo.
De vuelta en la junta directiva, pero con nuevas condiciones
Es cierto que Hawk volvió al patinaje artístico. Sin embargo, ya no se trataba de demostrar que nada había cambiado. Porque todo había cambiado. La cuestión era ahora si aún podía encontrar un sentido en otra modalidad de este deporte, al que él mismo había contribuido a dar forma.
En los últimos años ha hablado con mayor franqueza sobre los riesgos, la edad y la necesidad de bajar un poco el ritmo. Su regreso no es simplemente una historia deportiva sobre cómo recuperar la forma de antaño. Es la historia de un hombre conocido por superar límites y que ahora está aprendiendo a respetarlos.
El aterrizaje más duro de Tony Hawk no supuso el fin de su relación con el skate. Simplemente cambió las reglas del juego. Sigue subiéndose a la tabla, pero hoy en día ya no se trata tanto de volar por encima de la rampa como de saber cuándo y cómo volver a aterrizar.
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