La propuesta de la FIFA de colocar el lado comercial y operativo de sus torneos dentro de una empresa parcialmente propiedad de inversores ha provocado una airada respuesta en todo el fútbol mundial. El organismo rector argumenta que el plan podría desbloquear miles de millones de dólares para proyectos de desarrollo, incluyendo estadios, centros de entrenamiento y programas de base. Sus oponentes creen que el acuerdo corre el riesgo de acercar demasiado los rendimientos comerciales a la toma de decisiones en torno a las competiciones más valiosas del fútbol.
Qué propone realmente la FIFA
Según el esquema oficial de la propuesta de la FIFA, la nueva empresa se llamaría FIFA Forward Enterprise, o FFE. Reuniría los derechos de transmisión, patrocinio, licencias, venta de entradas y hospitalidad, así como la ejecución operativa de los torneos de la FIFA. La empresa ha recibido una valoración inicial de aproximadamente 20.000 millones de dólares y buscaría recaudar hasta 4.200 millones de dólares de inversores externos.
Esos inversores recibirían participaciones minoritarias y no controladoras de hasta el 20 por ciento en FFE, en lugar de la propiedad de la propia FIFA. La FIFA afirma que conservaría una participación mayoritaria, ocuparía la mayoría de los asientos en la junta directiva de la filial y mantendría la autoridad exclusiva sobre los formatos de competición, las regulaciones y el calendario internacional de partidos. La propuesta requeriría el apoyo de la mayoría de las 211 asociaciones miembro de la FIFA, así como la aprobación del Consejo de la FIFA.
Por lo tanto, el modelo va considerablemente más allá de un acuerdo de patrocinio convencional, en el que una empresa paga para asociar su marca con un torneo. Los inversores tendrían capital en un negocio responsable de gestionar y expandir los activos comerciales de la FIFA. Sin embargo, la propuesta disponible no les otorga derechos de voto en el Congreso de la FIFA, asientos en el Consejo de la FIFA ni autoridad formal sobre las regulaciones deportivas.
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La UEFA dice que la FIFA ha cruzado una línea
Según un informe de Associated Press sobre la creciente oposición, la UEFA y varias otras organizaciones de fútbol han criticado tanto el fondo del plan como la forma en que se introdujo. La UEFA afirmó que “el alma y la gobernanza del fútbol no son activos para comerciar”, mientras argumentaba que las principales partes interesadas no habían sido consultadas adecuadamente. El organismo rector europeo también cuestionó la falta de transparencia en torno a los posibles inversores y sus futuros intereses financieros.
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha ofrecido a cada asociación miembro acceso a un pago único opcional de hasta 20 millones de dólares si el proyecto avanza. Según los informes, las asociaciones tienen hasta el 19 de septiembre de 2026 para indicar si desean participar, y los fondos adicionales estarán disponibles a partir de enero de 2027. La FIFA describe el acuerdo como voluntario, pero los críticos argumentan que una oferta financiera tan sustancial podría ejercer una presión considerable sobre las asociaciones más pequeñas.
La propuesta también aumentaría la financiación del programa FIFA Forward de los 8 millones de dólares actualmente presupuestados a 20 millones de dólares por asociación para el ciclo 2027-2030. Se planean aumentos adicionales a 22 millones de dólares y 24 millones de dólares para los dos períodos de cuatro años siguientes. La FIFA afirma que el paquete más amplio podría elevar la financiación total para el desarrollo del fútbol a más de 10.000 millones de dólares.
Blatter arremete contra Infantino
El expresidente de la FIFA, Sepp Blatter, se ha convertido en una de las figuras más destacadas en condenar la propuesta. Según lo citado por Reuters en un informe publicado por Channel NewsAsia, Blatter dijo: “El fútbol no pertenece a ningún individuo ni a ninguna institución. Pertenece a la gente”. Argumentó que trasladar la Copa del Mundo a una estructura corporativa impulsada por el lucro amenazaría la identidad del torneo y el papel de la FIFA como su guardián.
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Blatter también dirigió críticas a la estrecha relación de Infantino con Donald Trump, quien es el actual presidente de los Estados Unidos, no un expresidente. Según lo descrito por TIME en su informe sobre el plan de inversores, Blatter afirmó que la relación había adquirido una dimensión financiera que estaba dañando el fútbol. Concluyó su publicación en X con la advertencia: “Nadie tiene derecho a vender nuestro juego”.
La conexión política ha atraído más atención porque la empresa de inversión de Joshua Kushner, Thrive Eternal, ha sido vinculada con el acuerdo propuesto. Kushner es el hermano de Jared Kushner, yerno de Trump y exasesor principal de la Casa Blanca. No obstante, la FIFA ha mantenido que cualquier inversor sería seleccionado según criterios comerciales, estratégicos y de gobernanza a largo plazo.
La verdadera batalla es por la influencia
La disputa central no es si los inversores privados gobernarían formalmente la FIFA, porque la propuesta publicada establece que no lo harían. En cambio, el argumento se refiere a si los inversores que buscan rendimientos a largo plazo podrían influir gradualmente en cómo se comercializan, fijan precios, programan y expanden los torneos. La FIFA insiste en que las decisiones deportivas y regulatorias permanecerían completamente dentro de su estructura de gobernanza existente.
Los críticos siguen sin estar convencidos de que las prioridades comerciales y deportivas puedan separarse tan fácilmente cuando la misma filial gestionaría tanto las operaciones de los torneos como los derechos que generan los ingresos de la FIFA. Temen que la presión para aumentar el valor de la empresa pueda fomentar precios de entradas más altos, partidos adicionales o una mayor expansión de las competiciones existentes. La FIFA, por el contrario, presenta el plan como una forma de convertir el enorme valor comercial de la Copa del Mundo en una financiación sin precedentes para el desarrollo del fútbol.
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Hasta que la FIFA identifique a los inversores, publique los acuerdos completos de gobernanza y explique cómo se generarían sus rendimientos financieros, es poco probable que esas preocupaciones desaparezcan. La propuesta puede preservar formalmente el control de la FIFA, pero aun así daría al capital privado una participación directa en el negocio construido alrededor de la Copa del Mundo. Esa distinción estará en el centro de uno de los debates de gobernanza más trascendentales del fútbol moderno.



