Antes de que estallara la guerra, Mahmoud Jamal Abu Mazkour pasaba sus días entrenando en el gimnasio. Su ambición era representar a Palestina en competiciones internacionales de culturismo mientras mantenía a su familia de tres miembros. A pesar de las restricciones de viaje y un bloqueo de larga data que limitaba sus posibilidades de competir en el extranjero, su concentración se mantuvo inquebrantable.
Sin embargo, esa trayectoria se vio violentamente interrumpida cuando se vio obligado a huir de su hogar. Buscando refugio con parientes en el campo de refugiados de Nuseirat, en el centro de Gaza, su vida cambió el 8 de junio de 2024. Un ataque israelí impactó una casa vecina cerca de su ubicación. La explosión le amputó una de sus piernas y le causó fracturas graves en la otra. El ataque también mató a su hermana y a sus hijos.
Una recuperación larga y dolorosa
Tras el ataque, Abu Mazkour pasó seis meses navegando por el desbordado sistema de salud de Gaza, moviéndose entre hospitales y centros de recuperación. El trauma físico se vio fuertemente agravado por el dolor y la incertidumbre sobre su futuro.
«Hubo momentos en los que me sentí atrapado en un túnel oscuro», dijo, citado por un informe reciente de la Agencia Árabe Siria de Noticias (SANA). «Pensé que mi carrera deportiva había terminado y que nunca volvería a la vida que conocía antes.»
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Finalmente, regresó a sus entrenamientos, pero el proceso ha sido físicamente agotador. La prótesis que utiliza actualmente no se adapta a su condición, causándole a menudo dolor durante el movimiento y el ejercicio. Conseguir un reemplazo es un obstáculo enorme, ya que la región enfrenta una grave escasez de equipos médicos especializados y programas de rehabilitación.
Ambiciones cambiantes
Las realidades de la guerra han obligado a Abu Mazkour a redefinir sus objetivos. Si bien antes se centraba en subir a podios internacionales, su prioridad inmediata ahora se centra en la movilidad básica y en regresar al deporte de forma segura.
«Solía soñar con representar a Palestina en campeonatos», explicó. «Ahora sueño con conseguir una prótesis que me ayude a continuar mi vida y a volver al deporte de una manera adecuada.»
Espera viajar al extranjero para recibir una prótesis más avanzada, lo que le permitiría moverse libremente y reanudar adecuadamente su carrera competitiva.
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A pesar de las profundas pérdidas, su determinación permanece intacta. Su historia refleja la difícil situación de muchos palestinos que han sufrido discapacidades permanentes durante el conflicto, enfrentando un largo camino hacia la recuperación con recursos limitados.
«Me quitaron la pierna, pero no mi sueño», afirmó. «Continuaré sin importar cuán difíciles sean los desafíos, porque la determinación es más fuerte que cualquier obstáculo.»
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