El doblete tardío de Dembélé acaba con las esperanzas de remontada del Liverpool mientras Paris Saint Germain mantiene el control en Anfield
Según la crónica de Reuters, republicada por Channel News Asia y la crónica de Andy Hunter para The Guardian, Liverpool se despidió de Europa tras una derrota por 2,0 que tuvo la presión suficiente y también la promesa suficiente como para mantener a Anfield totalmente implicado, pero no la calidad necesaria en los momentos más importantes. Paris Saint Germain pasó largos tramos defendiendo, se mantuvo sereno cuando Liverpool empujó, y luego confió en Ousmane Dembélé para cerrar la eliminatoria cuando el partido empezó a abrirse.
Liverpool jugó con mucha más urgencia que en París. El equipo de Arne Slot presionó más arriba, rompió el ritmo de PSG y forzó errores en el mediocampo que casi no habían aparecido en la ida. El conjunto local logró que el partido pareciera vivo desde el principio, incluso con el marcador global en contra, porque recuperaba el balón en zonas útiles y llevaba suficientes hombres al ataque como para plantear preguntas reales al campeón. El problema no fue la actitud. El problema fue que esa presión nunca se convirtió en el gol que habría cambiado el tono de la noche, algo que también queda reflejado en la crónica de The Guardian.
Liverpool empezó mejor pero no supo aprovecharlo
Alexander Isak exigió pronto a Matvey Safonov, la presión de Liverpool incomodó a PSG y las bandas fueron mucho más disputadas que en la ida. Achraf Hakimi y Nuno Mendes siguieron teniendo sus momentos, pero no dominaron los costados del mismo modo, y Liverpool pareció más capaz de mantener el juego en las zonas adecuadas del campo. Había más filo en el trabajo del equipo local sin balón, y durante un rato PSG se vio menos cómodo que una semana antes.
Incluso después de que Hugo Ekitiké saliera lesionado y Mohamed Salah entrara mucho antes de lo previsto, Liverpool siguió transmitiendo la sensación de que la eliminatoria podía complicarse para Paris Saint Germain. Milos Kerkez obligó a una parada, Virgil van Dijk estuvo cerca de llegar al rechace antes de que Marquinhos interviniera, y la grada respondió a cada avance prometedor con la creencia de que un gol cambiaría por completo la segunda parte. Como señaló la crónica de The Guardian firmada por Andy Hunter, Liverpool hizo mucho más para inquietar a PSG que en París, pero a la eliminatoria seguía faltándole la jugada que diera verdadero peso a todo ese esfuerzo.
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Antes del inicio también hubo un tono solemne. Liverpool guardó un minuto de silencio en memoria de los 97 aficionados que murieron de forma ilegal en Hillsborough, en la víspera del 37 aniversario de la tragedia, y ambos equipos llevaron brazaletes negros. Eso dio a la noche un peso añadido incluso antes de que comenzara el fútbol, y el inicio de Liverpool estuvo a la altura de la ocasión en intensidad y en intención.
El penalti anulado devolvió el partido hacia PSG
La ocasión más clara de Liverpool para reabrir la eliminatoria llegó cuando Alexis Mac Allister cayó tras una acción con Willian Pacho y se señaló penalti. Durante unos segundos, Anfield tuvo exactamente lo que quería, ruido, convicción y la posibilidad de que el tramo final se volviera realmente incómodo para PSG. Después, Maurizio Mariani fue llamado al monitor, revisó la acción y anuló la decisión.
Esa decisión cambió la energía del estadio. Liverpool siguió empujando, pero el impulso emocional ya no estaba, y PSG pudo recuperar algo de calma justo cuando el partido amenazaba con inclinarse en su contra. La crónica de Reuters, republicada por Channel News Asia, trató el penalti anulado como uno de los momentos decisivos porque eliminó la sensación inmediata de que Liverpool estaba a punto de volver a meter los cuartos de final en una duda real. El partido seguía abierto, pero ya no parecía que los siguientes minutos pertenecieran al equipo local.
Liverpool mirará esa secuencia junto con las ocasiones falladas anteriores. Generó presión suficiente como para hacer trabajar mucho a PSG, y también suficientes situaciones prometedoras como para mantener conectada a la grada, pero no tuvo el remate limpio necesario para llevar al rival al pánico. Ante un equipo tan asentado como el de Luis Enrique, esos detalles deciden una eliminatoria.
Dembélé le quitó la eliminatoria a Liverpool
En cuanto Liverpool asumió un poco más de riesgo, Paris Saint Germain encontró el espacio que había estado esperando. Bradley Barcola impulsó el ataque por la izquierda, Khvicha Kvaratskhelia ayudó a dar continuidad a la jugada, y Dembélé hizo el resto. Se perfiló hacia dentro desde unos 20 metros y colocó un remate raso en la esquina, un gol preciso que sacó casi toda la tensión que quedaba en la noche.
A partir de ahí, el partido fue de PSG. Liverpool tuvo que perseguir, los espacios se hicieron mayores, y el conjunto visitante por fin pudo atacar con la libertad que no había tenido durante gran parte del encuentro. En el tiempo añadido, Barcola y Kvaratskhelia volvieron a intervenir y Dembélé marcó el segundo, convirtiendo un duelo trabajado en un resultado que pareció más sencillo de lo que realmente fue el partido. Tanto la crónica de Reuters, republicada por Channel News Asia como la crónica de The Guardian firmada por Andy Hunter dejan claro el mismo punto: Liverpool tuvo suficiente del juego como para seguir creyendo, pero Paris Saint Germain tuvo más filo cuando llegaron los momentos decisivos.
Esa fue también la diferencia real a lo largo de los dos partidos. Liverpool tuvo fases en las que compitió bien e incluso controló partes del encuentro, pero Paris Saint Germain fue más limpio de cara a gol y más tranquilo cuando subió la presión. Dembélé había fallado ocasiones en la ida, pero cuando la eliminatoria alcanzó su tramo más expuesto en Anfield, fue el jugador que la resolvió.
El control de PSG terminó imponiéndose
Liverpool puede señalar la mejora en el rendimiento respecto a la ida, y hubo lo suficiente en la actuación como para demostrar que la eliminatoria no se perdió por pasividad. El equipo presionó bien, movió la pelota con más intención y planteó preguntas más difíciles a PSG de las que había conseguido plantear en París. Nada de eso cambió el problema básico. Necesitaba un gol mientras el partido todavía estaba en el aire, y nunca lo encontró.
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Paris Saint Germain manejó los momentos difíciles de la noche con madurez. Aceptó que Liverpool tendría fases fuertes, defendió esos pasajes sin perder la estructura y esperó a que el partido le ofreciera espacios al contragolpe. Cuando esos espacios aparecieron, fue implacable. Eso bastó para meterlo en otra semifinal de la Champions League y también para dejar a Liverpool con un resultado que parecerá más duro precisamente porque el rendimiento había contenido más de lo que sugiere el marcador.
Fuentes citadas: Reuters y The Guardian.
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