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Pistas de Ceniza y Sueños de Barrio, El Auge del Deporte en la Polonia Comunista

En un reportaje publicado por Wirtualna Polska, el periodista Krzysztof Zaluski repasa la vida deportiva cotidiana en la República Popular de Polonia, PRL, el Estado comunista que existió entre 1947 y 1989. Su relato muestra que, aunque la infraestructura era limitada y el equipamiento difícil de conseguir, la actividad física formaba parte esencial de la vida diaria.

En la mayoría de las ciudades no había pistas sintéticas y los suelos modernos eran prácticamente desconocidos. Las pistas escolares solían estar cubiertas de ceniza fina que se pegaba a los calcetines y raspaba las rodillas. Conseguir zapatillas adecuadas o ropa deportiva no era sencillo. Aun así, según Zaluski, los campos, patios y recintos escolares permanecían llenos desde la mañana hasta el anochecer.

Patios de Juego Cotidianos

Los niños pasaban horas al aire libre, no por temor a volver a casa, sino porque el juego compartido resultaba más atractivo. El fútbol reinaba por encima de todo. Las porterías se improvisaban con mochilas o chaquetas colocadas en el suelo. Si surgía una discusión sobre un gol, los propios jugadores decidían por mayoría.

Las clases de educación física despertaban vocaciones inesperadas. Los estudiantes competían para saltar más alto, hacer volteretas más rápidas o ejecutar un salto mortal limpio. Muchos habían practicado esos movimientos antes en estructuras metálicas para sacudir alfombras o en barras improvisadas de los barrios residenciales.

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Pocos podían permitirse botas de fútbol profesionales. En césped o asfalto agrietado, las zapatillas comunes eran la norma. Cuando se rompían, se remendaban en lugar de reemplazarse. Lo importante era seguir jugando.

Los clubes deportivos locales, señala Zaluski, eran numerosos y accesibles. Los entrenamientos, el equipamiento básico y los viajes a competiciones solían estar cubiertos por los propios clubes. Para algunos jóvenes, los torneos en el extranjero ofrecían una oportunidad poco frecuente de cruzar las fronteras estrictamente controladas de Polonia.

Invierno Sobre Hielo

Con la llegada del invierno, la actividad no se detenía, simplemente cambiaba de escenario. Según Wirtualna Polska, los vecinos podían solicitar la ayuda de los bomberos para inundar patios despejados y convertirlos en pistas de hielo gratuitas.

Los zapateros experimentaban un aumento de trabajo en esa temporada. Instalaban soportes metálicos especiales en zapatos comunes para fijar los patines. Los patines de hockey o de patinaje artístico auténticos estaban disponibles en las tiendas, pero su precio los hacía inaccesibles para muchas familias.

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En las ciudades grandes existían pabellones deportivos, aunque a menudo eran antiguos edificios industriales adaptados, con ventilación deficiente y vestuarios básicos. En pueblos pequeños y zonas rurales predominaban las canchas de asfalto. Las caídas dejaban marcas visibles y las duchas, cuando existían, eran muy sencillas.

Deporte Como Espectáculo y Mensaje Estatal

Las competiciones juveniles masivas conocidas como Spartakiadas se organizaban con ceremonias que recordaban a los Juegos Olímpicos. Tal como describe Krzysztof Zaluski, los medios estatales les daban amplia cobertura. Para muchos futuros campeones, estos eventos representaron su primera gran vitrina.

Después del tercer puesto de Polonia en la Copa Mundial de Fútbol de 1974 en la República Federal de Alemania, el interés por el fútbol creció de forma notable. Los entrenamientos reunían a decenas de aspirantes y los torneos informales de barrio se multiplicaron. La popularidad de la serie televisiva Do Przerwy 0:1 también contribuyó al entusiasmo.

Las autoridades comunistas presentaban los éxitos deportivos como prueba de la fortaleza del sistema. Las victorias internacionales se mostraban como evidencia de la superioridad del socialismo frente al capitalismo, incluso cuando la economía atravesaba dificultades evidentes.

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Privilegios, Presión y Ganancias Extra

Polonia contó con entrenadores destacados como Feliks Stamm, Jan Mulak, Kazimierz Górski y Hubert Wagner, así como con atletas reconocidos internacionalmente como Irena Szewińska, Ryszard Szurkowski, Tomasz Wójtowicz, Waldemar Baszanowski y Grzegorz Lato.

Los deportistas de élite disfrutaban de ciertos privilegios. Se les asignaban viviendas, empleos y salarios estables, aunque el trabajo fuera en gran medida simbólico. Sin embargo, sus ingresos oficiales eran modestos en comparación con los de sus homólogos occidentales. Según el reportaje de Wirtualna Polska, algunos aprovecharon los viajes al extranjero para vender bienes de forma privada y complementar sus ingresos.

Un episodio de 1968 ilustra esa tensión entre prestigio y necesidad. El equipo polaco regresó de los Juegos Olímpicos de Invierno en Grenoble sin medallas y sin los abrigos de piel de oveja entregados por el Comité Olímpico Polaco. Los abrigos, según se informó, fueron vendidos en el extranjero por entre 100 y 200 dólares cada uno, lo que generó controversia en el país.

En retrospectiva, Krzysztof Zaluski presenta el deporte en la PRL como un lazo social y, al mismo tiempo, una herramienta política. Las condiciones eran sencillas y la ideología estaba siempre presente. Sin embargo, para muchos que crecieron en esa época, perdura sobre todo el recuerdo del sonido de los patines sobre el hielo recién formado y del golpe del balón contra la pared del patio.

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Fuentes: Wirtualna Polska, Krzysztof Zaluski

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