Donald Trump acaba de recibir una de las señales más claras hasta ahora de que su batalla sobre el futuro del deporte femenino está modificando un terreno político mucho más amplio que el de sus propios seguidores.
Un nuevo análisis de la cuestión muestra una creciente incomodidad dentro del Partido Demócrata con la participación de mujeres y niñas transgénero en categorías deportivas femeninas. Varios políticos destacados han empezado a adoptar posiciones considerablemente más cercanas a las defendidas por Trump.
El caso más llamativo es el del gobernador de California, Gavin Newsom, considerado uno de los principales posibles candidatos demócratas a la Casa Blanca en 2028.
Newsom ha reconocido públicamente que considera injusto que personas a las que se asignó sexo masculino al nacer compitan contra niñas en determinadas categorías deportivas.
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En declaraciones recogidas por Associated Press, Newsom admitió además que no se siente cómodo encontrándose del mismo lado que Trump en esta cuestión, pero aseguró que no sería honesto afirmar que piensa de otra manera.
Y Newsom ya no está solo.
Cada vez son más los demócratas que se distancian
El candidato demócrata a gobernador de Iowa, Rob Sand, también se ha mostrado contrario a la participación de deportistas transgénero en el deporte femenino por motivos de equidad competitiva.
Amy Acton, candidata demócrata a gobernadora de Ohio, ha adoptado una posición similar y ha recibido críticas desde sectores de la izquierda por utilizar un lenguaje que sus detractores consideran demasiado cercano al empleado por Trump.
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El candidato demócrata al Senado por Texas, James Talarico, también ha comenzado a matizar algunas de sus anteriores posiciones sobre cuestiones transgénero y ha reconocido que parte de sus anteriores comentarios no habían dado en el blanco.
Eso no significa que el Partido Demócrata haya adoptado la política de Trump.
Figuras importantes como el gobernador de Illinois, JB Pritzker, y el senador Ed Markey continúan defendiendo firmemente los derechos de las personas transgénero. Otros demócratas sostienen que los políticos no deberían decidir de forma generalizada la elegibilidad de deportistas individuales.
Pero el cambio sigue siendo significativo.
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La cuestión ya no enfrenta únicamente a Trump y los republicanos contra los demócratas.
También comienza a dividir al propio Partido Demócrata.
Las encuestas explican por qué el asunto se ha vuelto incómodo
La razón política detrás de ese movimiento resulta evidente al observar los datos.
Una encuesta nacional de Quinnipiac University publicada en junio concluyó que el 70 por ciento de los votantes registrados creen que las mujeres y niñas transgénero no deberían participar en equipos deportivos femeninos.
Solo el 24 por ciento consideraba que deberían poder hacerlo.
Los números convierten el asunto en un problema especialmente delicado para candidatos demócratas que aspiran a conquistar votantes independientes o moderados.
Mantener la posición más permisiva del partido puede alejarlos de una mayoría significativa del electorado. Acercarse a la posición de Trump, por otro lado, puede provocar un fuerte rechazo entre votantes progresistas y organizaciones defensoras de los derechos LGBTQ+.
Trump y sus aliados ya han identificado esa oportunidad.
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Trump convirtió el deporte femenino en política nacional
Poco después de regresar a la Casa Blanca, Trump convirtió el asunto en política oficial de su administración.
El 5 de febrero de 2025 firmó la orden ejecutiva titulada Keeping Men Out of Women’s Sports, destinada a impulsar políticas que impidieran a mujeres y niñas transgénero competir en determinadas categorías femeninas en instituciones educativas financiadas con dinero federal.
Sin embargo, Trump no se limitó al deporte escolar y universitario estadounidense.
La orden ejecutiva de la Casa Blanca instruyó directamente al Departamento de Estado a promover reglas internacionales que protegieran una categoría deportiva femenina basada en el sexo.
El documento mencionaba específicamente al Comité Olímpico Internacional.
La administración debía utilizar los medios disponibles para intentar que el COI determinara la elegibilidad para las competiciones femeninas en función del sexo y no de la identidad de género o la reducción de testosterona.
Algo más de un año después, el deporte olímpico avanzó considerablemente en esa dirección.
Después llegó el cambio del COI
En marzo de 2026, el Comité Olímpico Internacional anunció una nueva política para proteger la categoría femenina.
A partir de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, la elegibilidad para la categoría femenina en eventos del COI se determinará en función del sexo biológico y utilizará inicialmente un único análisis del gen SRY.
El COI ha defendido que su decisión fue consecuencia de su propio proceso científico y médico y no de presiones políticas procedentes de Washington.
Por tanto, no existen fundamentos para afirmar que Trump obligó al movimiento olímpico a cambiar sus normas.
Pero desde el punto de vista político, la coincidencia resulta enormemente valiosa para el presidente.
Trump había pedido públicamente unas reglas olímpicas femeninas basadas en el sexo. Posteriormente, el COI introdujo para Los Ángeles 2028 un sistema mucho más próximo a ese principio.
World Athletics ya había avanzado previamente en una dirección comparable, incluyendo pruebas del gen SRY para determinadas competiciones de la categoría femenina.
El Tribunal Supremo también cambió el escenario
La posición más restrictiva recibió otro importante impulso legal durante el verano.
El 30 de junio, el Tribunal Supremo respaldó las reglas de West Virginia e Idaho que permiten reservar los equipos deportivos escolares femeninos para atletas biológicamente femeninas.
La mayoría sostuvo, entre otras cuestiones, que las diferencias físicas entre los sexos y las consideraciones relacionadas con la seguridad y la equidad competitiva justifican la existencia de categorías deportivas separadas.
La sentencia no nació de la orden ejecutiva de Trump y no puede describirse como una victoria jurídica personal del presidente.
Sin embargo, reforzó el marco legal que rodea precisamente una de las principales prioridades deportivas de su administración.
Según Associated Press, al menos 25 estados aplican actualmente leyes o políticas que restringen la participación de mujeres y niñas transgénero en al menos algunas competiciones deportivas femeninas.
Trump ha detectado una oportunidad política
Los republicanos ya están utilizando la cuestión como arma electoral.
Trump y sus aliados presentan cada vez más su política sobre el deporte femenino como una prueba de que el presidente estaba situado del lado de una mayoría de estadounidenses preocupados por la equidad competitiva.
El atractivo electoral del argumento es evidente.
En lugar de entrar en complejos debates sobre el Title IX, tratamientos hormonales o definiciones legales de género, los republicanos pueden plantear una pregunta mucho más sencilla a los votantes: ¿quién debería poder competir en la categoría femenina?
Además, el deporte desempeña un papel especialmente importante durante el segundo mandato de Trump.
El Mundial de 2026 y los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 colocan dos de los mayores acontecimientos deportivos del planeta en el centro de su presidencia y aumentan la conexión entre política estadounidense y deporte internacional.
La verdadera batalla podría llegar en 2028
El cambio entre determinados demócratas resulta todavía más importante cuando se mira hacia las próximas elecciones presidenciales.
Newsom, Pritzker y otros dirigentes aparecen constantemente entre los posibles aspirantes demócratas a la Casa Blanca en 2028.
Sus respuestas al debate sobre el deporte femenino pueden convertirse así en una primera señal del rumbo que adoptará el partido.
El caso de Newsom resulta especialmente llamativo por su larga trayectoria defendiendo políticas LGBTQ+.
No ha abandonado esa posición general.
Pero sí está haciendo una distinción mucho más clara entre los derechos de las personas transgénero en la sociedad y las reglas que deberían aplicarse dentro de categorías deportivas femeninas protegidas.
Si otros demócratas siguen un camino parecido, podría emerger una nueva posición dentro del partido: apoyo amplio a los derechos transgénero, pero normas más restrictivas cuando se trata específicamente de la competición deportiva femenina.
Para Trump, eso representaría algo mucho mayor que ganar una discusión entre republicanos.
Significaría que uno de los debates deportivos y culturales más divisivos de Estados Unidos está desplazando su centro político en la dirección que él lleva años defendiendo.
Y las últimas señales indican que ese movimiento ya puede haber comenzado.



