La UEFA ha dedicado agosto a apretar las tuercas a Gianni Infantino. Tiene fuerza suficiente para forzar una convocatoria pero, con los números actuales, no los votos para echarlo.
Al amparo del artículo 25.4 de los Estatutos de la FIFA, el 20% de las federaciones miembros, 43 de 211, basta para convocar un congreso extraordinario en un plazo de tres meses. Las 55 federaciones de la UEFA superan ese umbral por sí solas. Destituir a un presidente en ejercicio es otra cosa: requiere una mayoría simple del total de miembros, 106 votos, en una votación de una nación un voto en la que cada uno de los 211 miembros de la FIFA vale lo mismo que cualquier otro.
Ahí es donde la aritmética se vuelve incómoda para Europa. Tanto la CONMEBOL como la FIFA han pasado la última semana marcando una línea roja frente a cualquier proceso al margen de los estatutos.
La CONMEBOL cierra el atajo
La confederación sudamericana emitió un comunicado contundente el 6 de agosto. La CONMEBOL expresó su preocupación por «las reiteradas acciones unilaterales adoptadas sin recurrir al diálogo», pero también dejó claro que «no respaldará ninguna acción ni procedimiento» que se aparte de los mecanismos de gobernanza establecidos por la FIFA.
La CONMEBOL ha criticado las consecuencias del fallido plan FIFA Forward Enterprise (FFE), pero se ha negado a respaldar cualquier maniobra para forzar la salida de Infantino antes de las elecciones presidenciales previstas en Rabat en marzo de 2027.
Dos días después fue la propia FIFA la que replicó. En un comunicado fechado el 8 de agosto, el organismo rector afirmó que «no respaldará, facilitará ni tolerará ningún proceso relativo a la elección del presidente de la FIFA que sea incompatible con los Estatutos de la FIFA, los procedimientos democráticos y el marco de gobernanza establecido».
El mismo comunicado presentó la campaña contra Infantino como «un esfuerzo concertado y continuado por parte de algunos para socavar a la FIFA y a su presidente».
UEFA: «estas condiciones no se han cumplido»
Europa no da un paso atrás. La UEFA reiteró el 6 de agosto que su boicot a las competiciones de la FIFA sigue activo, en un comunicado que señalaba que las federaciones tenían condiciones «muy claras»: el plan FFE debía retirarse por completo y ofrecerse garantías vinculantes de que no se intentaría nada similar en el futuro.
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«Estas condiciones no se han cumplido», añadió la UEFA, reiterando que Europa había «perdido la confianza en la presidencia de Gianni Infantino» y que esa «postura se mantiene».
El boicot, aprobado por unanimidad por los 55 miembros de la UEFA el 30 de julio, amenaza el Mundial femenino sub-20 que arranca el 5 de septiembre y, en su versión más extrema, los próximos Mundiales absolutos masculino y femenino.
La carta conjunta no llega a exigir la dimisión
El 10 de agosto la UEFA, la CONCACAF y la Confederación Asiática de Fútbol firmaron una carta abierta conjunta a la «familia del fútbol», acusando a la FIFA de una «ruptura fundamental de la confianza» y exigiendo una investigación independiente por parte de un tercero sobre el plan FFE.
La carta se cerraba con la frase de que el juego «no pertenece a ningún individuo», pero no llegó a pedir explícitamente la dimisión de Infantino.
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Las tres confederaciones suman en conjunto una parte importante del congreso de 211 miembros. Ahora bien, las confederaciones no controlan el voto de sus miembros: cada federación emite su propio voto, y la postura pública de la CONMEBOL, sumada a la propia defensa que la FIFA hace del presidente, deja la aritmética de los 106 votos muy lejos de estar resuelta.
Trump respalda a Infantino
El panorama se complicó aún más el 11 de agosto. El presidente estadounidense Donald Trump se puso públicamente de parte del presidente de la FIFA a medida que crecían las peticiones de dimisión, una intervención que añade presión política pero no cambia ni un solo voto dentro del Congreso de la FIFA.
Las elecciones presidenciales están previstas para marzo de 2027 en Rabat. Infantino, por ahora, sigue como candidato.
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