Bundeskanzler Friedrich Merz

Friedrich Merz prometió que no habría ningún vacío; cinco semanas después, el mundo del deporte alemán sigue esperando.

El canciller federal Friedrich Merz destituyó a Christiane Schenderlein en julio del cargo político más alto del deporte alemán y prometió que su salida no dejaría un vacío. Más de…

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En Alemania se lleva años debatiendo cómo se puede dotar al deporte de mayor influencia política, y el Gobierno de Friedrich Merz parecía haber dado parte de la respuesta al crear un Ministerio de Estado para el Deporte y el Voluntariado dentro de la Cancillería Federal. Con este cargo se pretendía dotar al deporte de competición y al deporte de base de un interlocutor político directo cercano al centro del Gobierno, en lugar de dejar este ámbito en un nivel inferior de la jerarquía administrativa. Esto hace que los acontecimientos ocurridos desde julio sean mucho más significativos que un simple cambio de personal.

El 27 de julio, Merz anunció que Christiane Schenderlein dimitiría de su cargo en el Ministerio de Deportes tras solo 14 meses y pasaría a ocupar el puesto de secretaria de Estado parlamentaria en el Ministerio de Sanidad. Aún no se había designado a ningún sucesor, pero el canciller federal intentó restar importancia a las preocupaciones afirmando que el posterior nombramiento se gestionaría con cuidado y que no habría ningún vacío en ese puesto. Más de cinco semanas después, el cargo político más alto de Alemania en el ámbito del deporte sigue sin cubrirse, aunque el departamento sigue funcionando bajo la dirección de sus altos funcionarios.

El momento no podría ser más delicado

Esta vacante se produce en un momento especialmente importante, ya que Alemania se acerca a la fase final de su proceso de candidatura olímpica nacional. El 26 de septiembre, en una sesión extraordinaria de la Federación Olímpica Alemana del Deporte (DOSB) en Baden-Baden, se decidirá entre Berlín, Múnich y Colonia-Rhein-Ruhr como candidato alemán para futuros Juegos Olímpicos y Paralímpicos. Alemania aún no se ha decantado por una edición concreta; 2036, 2040 y 2044 siguen siendo objetivos posibles.

El puesto político vacante está directamente relacionado con este proceso. Una comisión evaluadora compuesta por seis miembros supervisa el análisis de los tres proyectos; está formada por cuatro miembros con derecho a voto del ámbito deportivo y dos del ámbito político, y Schenderlein formaba parte de los miembros políticos antes de su salida. Según informa el programa «Sportschau», Babette Kibele, directora de la Unidad de Deporte y Voluntariado de la Cancillería Federal, participa actualmente en estas reuniones como sustituta temporal, lo que significa que el trabajo continúa aunque el puesto político en sí aún no se haya cubierto.

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Esta distinción es importante, ya que no sería correcto calificar al deporte alemán de carecer por completo de liderazgo, pero cada vez resulta más difícil ignorar la ausencia de una figura política de referencia. La Cancillería ha argumentado que los departamentos especializados siguen garantizando el trabajo necesario y ha insinuado que el nombramiento debería realizarse con prudencia y sin una presión de tiempo artificial. Sin embargo, los críticos del mundo del deporte organizado sostienen que un país que quiera convencer tanto al público nacional como al internacional de sus ambiciones olímpicas debería, idealmente, haber tomado ya una decisión sobre el nombramiento de su máximo responsable deportivo antes de una decisión tan importante.

Merz destituyó a un ministro que había recibido elogios

Las circunstancias que rodearon la dimisión de Schenderlein han avivado aún más la polémica, ya que no hubo ningún escándalo deportivo evidente ni pérdida de confianza que hubiera obligado a Merz a actuar. Durante sus 14 meses en el cargo, en un puesto de nueva creación, contribuyó a que el Parlamento regional aprobara la tan postergada Ley de Fomento del Deporte, una reforma cuya puesta en práctica había fracasado en gobiernos anteriores. El programa «Sportschau» señaló que rara vez se habían producido críticas serias a su labor, mientras que el presidente regional de la CDU de Sajonia, Michael Kretschmer, llegó incluso a calificarla como la miembro más exitosa del Gobierno de Merz.

Schenderlein explicó más tarde que Merz le había comunicado personalmente que la decisión no suponía un juicio sobre su labor. Según su informe, el canciller quería reorientar el cargo y ocuparlo con una persona que gozara de mayor reconocimiento público e internacional, lo que desencadenó de inmediato especulaciones sobre un sucesor procedente del deporte de élite en lugar de la política partidista tradicional. Un nombre pasó rápidamente a ocupar un primer plano frente a todos los demás, aunque ni la Cancillería ni la UEFA confirmaron públicamente que se hubiera acordado ningún nombramiento.

Al parecer, el plan de Nadine Keßler ha fracasado

Se trataba de Nadine Keßler, una de las jugadoras más exitosas del fútbol femenino alemán de los últimos años. La excentrocampista ganó tres títulos de la Liga de Campeones femenina, ayudó a Alemania a proclamarse campeona de Europa en 2013 y fue nombrada Jugadora Mundial de la FIFA del Año en 2014, antes de verse obligada a poner fin a su carrera deportiva a la edad de solo 28 años debido a las lesiones. Posteriormente, dio el salto a la gestión del fútbol y ha forjado otra carrera de alto nivel en la UEFA, donde actualmente ocupa el cargo de directora de fútbol femenino.

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En los medios de comunicación alemanes, Keßler fue presentada inicialmente como una candidata prometedora para suceder a Schenderlein, y desde el punto de vista de Merz, su perfil resultaba fácil de entender. Aunaba credibilidad deportiva, reconocimiento internacional y experiencia en una de las federaciones más influyentes del deporte mundial —precisamente las cualidades que, según Schenderlein, el canciller federal buscaba para este puesto—. Sin embargo, según informaciones del 21 de agosto, Keßler había comunicado a la Cancillería que no estaba disponible para el cargo, mientras que la UEFA se negó a pronunciarse públicamente sobre esta información.

Según las informaciones, este rechazo ha obligado a Merz a ampliar la búsqueda más allá del fútbol, de modo que ahora también se está teniendo en cuenta a destacados exdeportistas de disciplinas olímpicas. No es nada inusual que un Gobierno se tome su tiempo para encontrar a la persona adecuada para un puesto de liderazgo, pero el problema político radica en que Merz dejó vacante el cargo antes de haberse asegurado al sucesor que él deseaba. Por lo tanto, cada semana que pasa surge la misma pregunta: ¿por qué destituir a un titular del cargo, considerado en general competente, antes de que haya un sucesor disponible?

Ahora la presión proviene de las filas del deporte alemán

La frustración ya no se limita únicamente a los políticos de la oposición o a los comentarios de los medios de comunicación. El director general de la DOSB, Otto Fricke, declaró que llevaba semanas presionando para que se tomara una decisión y dejó claro que, en última instancia, la responsabilidad del nombramiento del nuevo ministro de Estado recae en el canciller federal. El presidente de la Federación Deportiva de Berlín, Thomas Härtel, se mostró aún más crítico y calificó de escandaloso que el nombramiento para el cargo político más alto del deporte alemán siguiera sin resolverse tan cerca de la decisión sobre la candidatura olímpica alemana.

El Gobierno puede argumentar con toda razón que, debido a la vacante, ningún proceso administrativo importante se ha paralizado, ya que Kibele y los departamentos especializados continúan con su labor. El problema más delicado es de carácter simbólico y político: el Gobierno de Merz ha revalorizado deliberadamente el deporte al acercarlo a la Cancillería, para luego dejar vacante precisamente este nuevo estandarte político en un momento marcado por la reforma del deporte de élite y la candidatura olímpica. Este contraste es la razón por la que una decisión sobre el personal, que de otro modo quizá no habría pasado de ser un asunto político en Berlín, se ha convertido en un auténtico problema para el deporte alemán.

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Merz había prometido inicialmente que la destitución de Schenderlein no crearía un vacío de poder y, en un sentido estrictamente administrativo, puede argumentar que ese no es el caso. Sin embargo, más de un mes después del cese de una ministra que había recibido elogios inusualmente grandes, su Gobierno aún no cuenta con un sucesor político definitivo, mientras que la mujer que, según numerosos informes, se consideraba la sucesora preferida, ha rechazado el cargo. A medida que se acerca la decisión del DOSB sobre los Juegos Olímpicos, prevista para el 26 de septiembre, cada día que pasa sin que se produzca el nombramiento resulta más difícil defender el riesgo inicial que asumió el canciller federal en materia de personal.

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