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«633»: el nuevo código de China para revivir el sueño inconcluso de Xi Jinping de ganar el Mundial

China ha situado el fútbol en el centro de un nuevo proyecto deportivo nacional y aspira a que, para 2030, el sector alcance un valor superior a 1 billón de…

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El último plan deportivo de China incluye una denominación burocrática aparentemente anodina, pero con un peso político considerable: «633». Según datos oficiales, el proyecto pretende reorganizar el deporte de élite en torno a seis puntos fuertes ya consolidados, tres disciplinas fundamentales y tres deportes de pelota en declive que deben revitalizarse. El fútbol pertenece a esta última categoría, lo que vuelve a situar en la agenda nacional uno de los objetivos más públicos de Xi Jinping, después de que China haya vuelto a quedarse fuera de la fase de clasificación para un Mundial.

Un objetivo de un billón de dólares, no un cheque por valor de un billón de dólares

China aspira a que el valor total de su industria del deporte supere los siete billones de yuanes —lo que equivale a unos 1,04 billones de dólares estadounidenses— para 2030, según se desprende de un informe del Gobierno chino presentado en una rueda de prensa de la Oficina de Información del Consejo de Estado. Esta cifra representa un objetivo para el tamaño del sector y no constituye un compromiso de gasto público directo. El plan quinquenal fue aprobado en julio por el Consejo de Estado y abarca el periodo comprendido entre 2026 y 2030.

Según un borrador publicado anteriormente por el Gobierno chino, la industria del deporte en China alcanzó en 2024 un volumen de negocio total de 3,8421 billones de yuanes. Por lo tanto, para alcanzar la cifra de siete billones de yuanes, sería necesario un crecimiento de aproximadamente el 82 % con respecto a ese nivel. Pekín aspira, además, a que alrededor del 40 % de la población practique deporte de forma habitual, y tiene previsto ampliar la superficie deportiva disponible por persona.

Por qué es importante el proyecto «633»

En el marco del nuevo modelo, China pasará de una estrategia que los representantes oficiales denominaban «estrategia de avance prioritario» a una basada en el «desarrollo integral». Seis disciplinas deportivas que tradicionalmente han tenido éxito, entre ellas los saltos acuáticos y la gimnasia, mantendrán su importancia, mientras que el atletismo, la natación y los deportes acuáticos constituirán las tres disciplinas fundamentales. El baloncesto, el voleibol y el fútbol son las tres últimas disciplinas seleccionadas para su revitalización.

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Esta estructura supone un sutil reconocimiento de que el sistema olímpico chino no puede resolver todos los problemas deportivos. Aunque los programas de entrenamiento centralizados han dado lugar a generaciones de campeones en disciplinas concretas, el fútbol depende de miles de clubes, entrenadores cualificados y competiciones a nivel local. Por ello, el plan prevé que las empresas, las universidades y las organizaciones sociales asuman un papel más importante en la formación y en las competiciones.

Los tres deseos de Xi siguen sin cumplirse

La relación de Xi con el fútbol se remonta a antes de su presidencia. En 2011, cuando aún era vicepresidente, expresó tres deseos para el fútbol chino: clasificarse para un Mundial, organizar el torneo y, finalmente, ganarlo, tal y como informó el corresponsal en Pekín Harold Thibault en «Le Monde». En 2015 le siguió un programa de reformas de 50 puntos, acompañado de nuevos centros de formación de jóvenes talentos, costosos fichajes de jugadores extranjeros y grandes inversiones de empresas chinas.

Los resultados quedaron muy por debajo de esas ambiciones. La única participación de China en un Mundial masculino tuvo lugar en 2002, cuando la selección perdió los tres partidos, no marcó ni un solo gol y encajó nueve. Ni siquiera la ampliación del torneo de 2026 de 32 a 48 selecciones fue suficiente: una derrota ante Indonesia en junio de 2025 acabó con las esperanzas de China de clasificarse.

La corrupción sigue formando parte de la crisis

La estrategia más reciente no se limita únicamente al entrenamiento y a las infraestructuras. Las autoridades chinas han proclamado un «Año de la mejora de la gobernanza» y prometen erradicar la corrupción, luchar contra la «cultura tóxica de la afición» y crear un sistema deportivo más estrictamente regulado. La inclusión de estos temas pone de manifiesto que Pekín considera que los problemas del fútbol son más bien de carácter institucional y cultural que puramente técnicos.

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El alcance de la campaña de limpieza ya era considerable. 73 dirigentes del fútbol recibieron sanciones de por vida por infracciones relacionadas con apuestas ilegales, amaño de partidos y normas salariales, mientras que el exseleccionador nacional Li Tie fue condenado a 20 años de prisión por corrupción. Además, nueve de los dieciséis clubes de la Superliga china comenzaron la temporada 2026 con deducciones de puntos.

Los premios del Mundial ponen de manifiesto la brecha

La ausencia de China en el Mundial también tuvo consecuencias económicas. La FIFA firmó con China Media Group un contrato de retransmisión para cuatro torneos masculinos y femeninos hasta 2031, mientras que, según un informe de Associated Press, los medios de comunicación chinos valoraban los derechos para la edición de 2026 en 60 millones de dólares, una cifra muy por debajo de los 300 millones de dólares que la FIFA había exigido inicialmente. El fracaso de China en la fase de clasificación y la diferencia horaria entre Pekín y las sedes norteamericanas debilitaron la posición negociadora de la FIFA.

El contraste es difícil de pasar por alto. Empresas chinas como Lenovo, Mengniu e Hisense siguieron siendo socios destacados del Mundial, lo que puso de relieve la importancia económica del país para la FIFA. Sin embargo, en el terreno de juego, la segunda economía más grande del mundo tuvo que conformarse una vez más con verlo desde casa.

Un movimiento popular da motivos para la esperanza

Hay indicios de que el fútbol chino sigue desarrollándose más allá de los programas estatales y los clubes profesionales. La Liga de Fútbol de la Ciudad de Jiangsu atrajo en 2025 a 2,43 millones de espectadores en 85 partidos y, según un informe del periodista deportivo de Xinhua He Leijing, registró más de 2.200 millones de visitas en línea. Competiciones amateur similares vinculan el fútbol con la identidad local, el turismo y el gasto en consumo.

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Esta evolución podría ser más importante que otro costoso intento de imponer el éxito desde arriba. China tiene previsto construir o modernizar más de 5.000 pequeñas instalaciones deportivas de aquí a 2030, pero los campos de juego por sí solos no bastan para formar una selección nacional competitiva. Los jugadores necesitan partidos con regularidad, entrenadores con experiencia y una vía fiable desde las escuelas y los equipos de clubes hasta el fútbol profesional.

Los tres objetivos de Xi en materia de fútbol siguen estando muy lejos, y el proyecto «633» no ofrece una solución rápida. China podría alcanzar su objetivo sectorial de siete billones de yuanes, mientras que la selección masculina sigue sin participar en los grandes torneos. El verdadero baremo para evaluar el plan será si el fútbol se convierte por fin en algo que China desarrolle por sí misma desde cero, en lugar de ser simplemente otro objetivo nacional impuesto desde arriba.

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