El juicio que investiga la muerte de Diego Maradona ha dado un giro inesperado después de que un perito oficial planteara una teoría que no había aparecido durante los meses anteriores de declaraciones.
El médico forense Pablo Ferrari declaró ante el tribunal de San Isidro que la Covid-19 no podía descartarse como posible causa de la muerte del icono argentino. Su testimonio, descrito por Digi24, también contradijo directamente la afirmación de la Fiscalía de que Maradona pudo agonizar durante un periodo de hasta 12 horas.
El testimonio no demuestra que Maradona tuviera Covid-19. No se presentó ninguna prueba positiva ante el tribunal y Ferrari señaló, en cambio, que durante la autopsia no se había realizado una prueba de detección del coronavirus. Esa diferencia es fundamental para entender la nueva hipótesis: se trata de una posibilidad no comprobada, no de una nueva causa de muerte demostrada.
Una posibilidad que ningún testigo había mencionado
Maradona murió el 25 de noviembre de 2020 a los 60 años mientras recibía tratamiento en una casa alquilada a las afueras de Buenos Aires. Poco antes había sido operado de un hematoma subdural y se recuperaba bajo la supervisión de un equipo médico cuando sufrió un paro cardiorrespiratorio.
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Ferrari compareció como último testigo del juicio actual. Según un informe de EFE publicado por Infobae, calificó como un error metodológico que no se realizara una prueba del coronavirus durante la autopsia.
“No podemos descartar que haya muerto de Covid-19”, declaró Ferrari ante el tribunal. Sostuvo que el virus podía atacar de forma agresiva las vías respiratorias y, en determinadas circunstancias, matar a un paciente en cuestión de horas. Sin embargo, no presentó pruebas de que Maradona hubiera contraído el virus.
El perito rechaza la cronología de 12 horas
La parte potencialmente más importante del testimonio de Ferrari es su rechazo a la cronología médica defendida por la Fiscalía. Una junta multidisciplinaria había concluido previamente que el estado de Maradona se deterioró durante un periodo prolongado y que su equipo médico ignoró señales de alarma que deberían haber motivado una intervención urgente.
Ferrari ofreció una interpretación muy diferente. Afirmó que el líquido se acumuló en los pulmones de Maradona durante un periodo breve, posiblemente minutos o unas pocas horas, provocando un edema pulmonar agudo y finalmente un paro cardiorrespiratorio. “Fue una muerte fulminante”, dijo, según recogió Clarín.
La diferencia podría resultar importante para la defensa. Si el colapso final de Maradona se produjo de forma repentina, los abogados pueden argumentar que los acusados tuvieron mucho menos tiempo para detectar y revertir la crisis de lo que sostiene la Fiscalía. No responde por sí sola a la pregunta de si la hospitalización domiciliaria era adecuada o si fallos médicos anteriores contribuyeron a su estado.
La teoría de una muerte rápida no es completamente nueva
La posición general de Ferrari ya era conocida antes de su comparecencia. En 2024, Associated Press informó de que un informe médico elaborado por Ferrari cuestionaba la conclusión de que Maradona hubiera sufrido durante un periodo prolongado. El documento sugería que la arritmia mortal pudo tener un origen natural o estar relacionada con un factor externo.
El elemento realmente nuevo de su último testimonio fue la mención expresa de la Covid-19. Ferrari participó en una pericia solicitada por la defensa del neurocirujano Leopoldo Luque, uno de los principales acusados, aunque compareció ante el tribunal en calidad de perito oficial de la Justicia.
La Fiscalía ya había criticado su evaluación por considerarla incompleta y excesivamente dependiente de una parte limitada de las pruebas disponibles. Su testimonio ofrece un contraargumento importante para la defensa, pero no sustituye las conclusiones de la junta médica más amplia ni resuelve la disputa científica que deben valorar los jueces.
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El testimonio queda bajo presión durante el interrogatorio
Las declaraciones de Ferrari fueron cuestionadas de forma insistente por los fiscales y por los abogados de la familia Maradona. Reconoció que no es cardiólogo, aunque defendió su capacidad para evaluar cuestiones cardíacas alegando su experiencia en miles de actuaciones periciales.
También admitió que no había podido leer todo el material médico porque algunas partes manuscritas eran ilegibles. Cuando el tribunal le preguntó por ello, Ferrari explicó que aquello que no había entendido no fue incluido en su evaluación. Es probable que la acusación utilice esas admisiones para discutir el peso que los jueces deben conceder a sus conclusiones.
La audiencia también se tensó cuando el abogado de Luque protestó por unas preguntas relacionadas con el trabajo de Ferrari en otro caso de negligencia médica. Los jueces reprendieron al letrado después de que describiera como “demencial” lo que estaba ocurriendo en la sala, sumando otro duro intercambio a un proceso que ya ha estado marcado por la controversia.
El segundo juicio entra en su fase decisiva
El proceso actual comenzó en abril de 2026 después de que el primer juicio fuera anulado en medio de la polémica por la jueza Julieta Makintach y su participación en un proyecto documental relacionado con el caso. Como explicó El País, el nuevo juicio debe determinar si los profesionales responsables de la atención de Maradona lo expusieron conscientemente a un riesgo mortal mediante graves fallos y omisiones.
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Luque, la psiquiatra Agustina Cosachov y otros cinco profesionales sanitarios están acusados de homicidio simple con dolo eventual. Todos han negado cualquier responsabilidad penal. La Fiscalía sostiene que Maradona fue abandonado en una hospitalización domiciliaria inadecuada, sin la vigilancia ni el tratamiento especializado que necesitaba. La defensa mantiene que su muerte fue repentina y no podía haberse evitado.
El tribunal reanudará el proceso el 29 de septiembre, cuando los acusados podrán ampliar sus declaraciones. Los alegatos finales están previstos para octubre. El testimonio de Ferrari ha garantizado que los jueces afrontarán esa última fase con dos versiones radicalmente distintas: una basada en un deterioro prolongado y detectable, y otra en un episodio mortal que se desarrolló prácticamente sin previo aviso.
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