El debate sobre el arbitraje en la Copa del Mundo ya no se limita solo a faltas no señaladas o tarjetas erróneas.
En un editorial contundente, el escritor de L’Équipe Vincent Duluc ha argumentado que el torneo está mostrando signos de algo más grave: un movimiento hacia lo que él describe como un “arbitraje político”.
Su preocupación no se limita a un solo partido. Se trata de la impresión de que algunas decisiones, y algunas resoluciones disciplinarias, ya no parecen coherentes a lo largo del torneo.
Según L’Équipe, Duluc cree que la Copa del Mundo ha llegado a un punto en el que el árbitro aún necesita protección, pero donde el fútbol también necesita protección de decisiones que parecen servir a fuerzas ajenas al terreno de juego.
Paraguay-Francia alimenta el debate
El ejemplo más inmediato surgió durante la victoria de Francia por 1-0 sobre Paraguay en los octavos de final.
El partido fue físico, tenso y cada vez más difícil de controlar para el árbitro uzbeko Ilgiz Tantashev. Paraguay interrumpió repetidamente a Francia, con Kylian Mbappé a menudo en el centro del contacto, sin embargo, el equipo sudamericano terminó sin una sola amonestación.
Según Fox Sports, Paraguay cometió 12 faltas y no recibió tarjetas, mientras que Francia vio tres tarjetas amarillas.
Ese desequilibrio se convirtió en uno de los principales temas de conversación después del partido.
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Francia avanzó después de que Mbappé convirtiera un penalti en el minuto 70, pero la sensación general fue que se había permitido que el partido se descontrolara demasiado. La ausencia de cualquier tarjeta para Paraguay, a pesar del tono del partido, solo agudizó las críticas.
Duluc señala un patrón más amplio
El argumento de Duluc va más allá de Tantashev.
Según L’Équipe, también señaló momentos anteriores del torneo y un patrón más amplio que, en su opinión, ha seguido a la FIFA desde la Copa del Mundo de 2022 en Qatar.
Se refirió a lo que considera una “retención de tarjetas” en torno a ciertos equipos y jugadores, mencionando a Argentina como uno de los ejemplos. Duluc citó una falta no sancionada de Lionel Messi sobre Aïssa Mandi durante la fase de grupos como parte de esa preocupación más amplia.
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El punto no es que cada decisión sea parte de una conspiración.
Es que la disciplina inconsistente crea sospecha. Cuando algunas faltas son castigadas y otras ignoradas, cuando algunos jugadores reciben protección y otros no, la autoridad del árbitro comienza a debilitarse.
Ahí es donde la advertencia de Duluc se vuelve más aguda.
“Hemos pasado de la era de la corrupción, de la que los grandes clubes europeos eran especialistas en los años 60, 70 y 80, al arbitraje político”, escribió, según L’Équipe.
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El caso Balogun añade presión política
El caso de Folarin Balogun ha hecho el debate aún más explosivo.
El delantero de Estados Unidos fue expulsado contra Bosnia-Herzegovina en los dieciseisavos de final y se esperaba inicialmente que se perdiera el partido de octavos contra Bélgica. En cambio, la FIFA suspendió la sanción de un partido por un período de prueba de un año, permitiéndole jugar.
Según AP News, el presidente de EE. UU. Donald Trump llamó personalmente al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y pidió al organismo rector que revisara el caso.
Trump agradeció posteriormente públicamente a la FIFA por “revertir una gran injusticia”.
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La FIFA no anuló la tarjeta roja en sí. Según The Guardian, el organismo rector utilizó el Artículo 27 de su código disciplinario para suspender la aplicación de la sanción, lo que significa que aún puede aplicarse si Balogun comete una infracción similar en el plazo de un año.
Esa explicación técnica no ha puesto fin a la controversia.
Para los críticos, el problema es el momento, la implicación política y la impresión de que una regla normalmente tratada como automática de repente se volvió flexible antes de un partido de eliminación directa de la Copa del Mundo que involucraba a la nación anfitriona.
La UEFA entra en la discusión
La controversia también ha llevado a la UEFA a una crítica abierta a la FIFA.
Según RTE, la UEFA afirmó que la decisión de la FIFA de suspender la sanción automática de un partido a Balogun había “cruzado una línea roja”.
El comunicado continuaba: “El fútbol, como cualquier otro deporte, se basa en reglas, que son la base para una competición justa, honesta y transparente. A veces las reglas están abiertas a interpretación. En este caso, no”.
Esa respuesta dio al caso Balogun un peso institucional más amplio.
Ya no era solo Bélgica protestando antes de enfrentarse a Estados Unidos. Se convirtió en un desafío directo del organismo rector del fútbol europeo a la interpretación de la FIFA de sus propias facultades disciplinarias.
Los árbitros deben seguir siendo protegidos
El argumento central de Duluc no es que los árbitros deban ser expuestos o abandonados.
Es lo contrario.
Su editorial retoma la idea de que el fútbol debe proteger a los árbitros porque el juego no puede funcionar sin ellos. Pero también argumenta que los árbitros deben proteger el juego aplicando las reglas de manera consistente y resistiendo la presión de la reputación, la política o las circunstancias del torneo.
Por eso la frase “arbitraje político” cala tan hondo.
Sugiere un cambio del simple error humano a una percepción más peligrosa: que el mismo partido puede no ser arbitrado de la misma manera para todos.
Esté uno de acuerdo con Duluc o no, la discusión ha llegado ahora al centro de la Copa del Mundo.
Francia ha avanzado. Estados Unidos cuenta con Balogun disponible. Argentina sigue bajo el familiar foco de atención mundial.
Pero, más allá de los resultados, otra pregunta resuena con más fuerza.
Si las reglas no se sienten iguales, ¿cuánto tiempo puede permanecer intacta la credibilidad del torneo?



